Un regulador genético mejora la reparación de mielina en modelos de envejecimiento
Aumentar la actividad de BCL11A ayudó a células envejecidas a formar oligodendrocitos en cultivos y en ratones. El resultado es una pista preclínica, no una terapia.
Cerebro, sistema nervioso, cognición, conducta biológica y enfermedades neurológicas.
Aumentar la actividad de BCL11A ayudó a células envejecidas a formar oligodendrocitos en cultivos y en ratones. El resultado es una pista preclínica, no una terapia.
Una resonancia por difusión permitió cartografiar conexiones graduales entre la zona incerta y distintas áreas de la corteza humana.
Un estudio con resonancia magnética funcional comparó cómo personas y modelos de lenguaje distinguen oraciones con las mismas palabras, pero con significados distintos.
Un estudio con resonancia magnética funcional halló patrones de actividad compartidos al comparar fracciones y enteros, ordenados según su magnitud.
Un estudio en Caenorhabditis elegans muestra que una misma sustancia olorosa puede activar señales de atracción y rechazo, cuyo equilibrio modifica el movimiento del animal.
Registros de unidades motoras en ratones muestran que, al aumentar la velocidad de marcha, cambian de manera específica los pequeños grupos de neuronas y fibras que participan en el movimiento.
Dos experimentos observaron que las sorpresas que desafían una expectativa de memoria se asociaron con más atención y mejor aprendizaje de esos estímulos en el laboratorio.
Un modelo computacional propone que circuitos de la corteza prefrontal representarían varios pasos futuros a la vez para elegir rutas hacia una meta.
En ratones, un seguimiento de 30 días mostró que un patrón colectivo de actividad cerebral conservó el significado aprendido de sonidos asociados a una amenaza.
Un modelo de tejido cerebral humano reunió neuronas y células inmunitarias para observar cómo señales inflamatorias atraen linfocitos en un entorno con amiloide.
Un estudio en ratones identifica una enzima que ayuda a conservar conexiones neuronales y memoria durante el envejecimiento; los datos en personas son todavía asociativos.
Un estudio en ratones identifica a TMEM63B como otro componente de las neuronas que responden al calor potencialmente dañino. El resultado amplía la idea de que esta señal depende de varios sensores.
Un estudio relaciona la variante genética APOE4 con cambios en las células que sostienen los vasos cerebrales. Los resultados ayudan a investigar el Alzheimer, pero no prueban un tratamiento.
Dos experimentos muestran que la mirada puede seguir el orden con que las personas organizan información breve, y que esa estrategia cambia cuando aumenta la carga mental.
Un experimento en ratones redujo conductas asociadas al dolor neuropático al alterar una interacción que mantiene hiperactivas a neuronas sensitivas.
Experimentos con participantes humanos distinguen un ajuste que recalibra el gesto de otro que orienta, sin deliberación, la elección de hacia dónde mover la mano.
Un estudio con personas y ratas muestra que el cerebro distingue secuencias de clics con el mismo ritmo promedio cuando cambia la distribución precisa de los pulsos.
Registros neuronales y pulsos de luz permitieron observar un cambio selectivo entre dos regiones cerebrales durante el sueño posterior a un aprendizaje en ratones.
Registros directos en 24 pacientes revelaron que la actividad cerebral puede recorrer la corteza con formas distintas durante tareas de memoria.
Un experimento con miles de moscas sugiere que aprender de experiencias propias puede ampliar diferencias persistentes de conducta, más allá de los genes y el ambiente compartido.
Un experimento en ratones sugiere que fiebre, apatía y pérdida de apetito se coordinan mediante redes cerebrales amplias, no desde un único centro.
En una prueba con 35 adultos, las respuestas a una señal visual fueron más rápidas al exhalar o hacer una pausa que al inhalar. El resultado describe una asociación, no una técnica para mejorar el rendimiento.
Un análisis de imágenes cerebrales en más de 2.200 personas sugiere que la dinámica de distintas áreas de la corteza cambia siguiendo un orden durante la juventud.
Un estudio en ratones y células de roedor identifica a Piezo1 como una pieza que ayuda a ajustar la longitud de la mielina al grosor de los axones, sobre todo en las fibras más anchas.
Un estudio en ratones describe cómo las primeras ondas de actividad de la retina se coordinan con la eliminación de células y el avance de los vasos sanguíneos.
Un estudio con resonancia de alta resolución halló que redes ligadas a la atención y al pensamiento interno se coordinan según la zona del campo visual que representan.
Un experimento con dos macacos muestra que grupos flexibles de neuronas reorganizan su actividad para distinguir las opciones antes y después de una elección.
Ratones con una variante genética asociada a discapacidad intelectual mostraron cambios de conducta y estructura cerebral. El modelo ayuda a estudiar el neurodesarrollo, pero no permite diagnosticar a personas.
Un seguimiento con electroencefalogramas muestra diferencias promedio en cómo grupos de bebés procesan el ritmo y las regularidades del habla; no es una prueba diagnóstica.
Un experimento con ratas halló que, en oscuridad, las señales de la corteza cerebral asociadas a texturas lisas y rugosas resultaron más fáciles de diferenciar.
Un estudio con tejido cerebral humano relaciona una variante genética con expansiones más frecuentes de ADN en neuronas vulnerables y un inicio más temprano del Huntington.
Experimentos en embriones de ratón cuestionan la idea de un único origen celular para todo el cerebro y ayudan a mejorar modelos celulares en el laboratorio.
Un método en larvas de pez cebra permite seguir conexiones neuronales directas y observar la actividad de las células durante varios días.
Un estudio longitudinal comparó resonancias de pubertad, embarazo y menopausia. En esta última transición no detectó una aceleración de la pérdida de materia gris cortical.
Un equipo trasplantó organoides corticales humanos en ratones diseñados para dejarles espacio y observó su crecimiento, actividad y conexiones con el sistema nervioso del animal.
Un ensayo pequeño y controlado encontró menos postergación de tareas tras siete sesiones de estimulación cerebral no invasiva, pero todavía no demuestra una terapia aplicable.
Un estudio comparó modelos de lenguaje con registros cerebrales durante la escucha de una historia. Los de mayor tamaño predijeron mejor parte de esas señales, sin demostrar que comprendan como una persona.
Un estudio en células y ratones identifica un sistema que marca reservas de azúcar mal formadas para retirarlas antes de que se acumulen en el cerebro.
Un experimento con ratones muestra que estar acompañado modifica la defensa ante amenazas, pero el efecto depende del peligro y de la posición social del animal.
Un estudio con tres participantes muestra que un solo implante cerebral puede traducir intentos de hablar y gesticular en el control simultáneo de un avatar.
Un estudio en eLife identificó procesos celulares que influyen en cómo TDP-43 pasa de formar condensados dinámicos a agregados más rígidos vinculados con enfermedad.
Un estudio en ratones identificó neuronas inhibitorias de largo alcance que coordinan la actividad de la corteza durante estados de baja alerta y favorecen el sueño.
Un estudio en adultos sanos mostró que breves sonidos sincronizados con ondas lentas del sueño aumentaron el flujo de líquido cefalorraquídeo medido con resonancia magnética.
Un estudio encontró que respirar lentamente con exhalaciones prolongadas hace que el cerebro sea más sensible a las recompensas, llevando a decisiones más arriesgadas.
Un nuevo estudio reanalizó una hipótesis llamativa sobre respiración y actividad cerebral previa al movimiento, y encontró que el efecto desaparece cuando se corrige un sesgo del análisis.
Un estudio en Nature reconstruyó un circuito cerebral de peces eléctricos y mostró cómo anticipa sus propias señales para filtrar ruido y seguir detectando lo qué ocurre alrededor.
Un estudio con EEG y una tarea de aprendizaje sugiere que, en personas con trastorno obsesivo-compulsivo, algunas señales cerebrales de control aparecen demasiado tarde para frenar impulsos ya activados.
Un mapa celular detallado de una región profunda del cerebro muestra qué neuronas podrían ser más vulnerables en la enfermedad de Huntington y cuáles se vinculan con adicción, depresión y esquizofrenia.
Un estudio en Nature sugiere que los endocannabinoides actúan como un ajuste fino que ayuda al cerebro a mantener el compromiso con conductas orientadas a recompensa.
Un estudio en ratones halló que, tras perder más de la mitad de ciertas conexiones del hipocampo durante una hibernación artificial, los recuerdos se conservaron y reaparecieron.
Un estudio del MIT identificó en ratones un circuito cerebral que compara lo que acaba de pasar con lo qué ocurre ahora para ajustar una decisión sensorial.
Un estudio de neuroimagen del MIT y la Universidad de Boston halló que la red cerebral del lenguaje se mantiene sorprendentemente estable con la edad, a diferencia de otros sistemas ligados al control ejecutivo.
Un estudio en Nature mantuvo organoides cerebrales humanos durante más de cinco años y encontró que siguen programas de maduración que recuerdan etapas del desarrollo cerebral humano.
Un estudio longitudinal sugiere que un programa de dibujo compartido modifica la sincronía cerebral entre personas de diferentes edades y entre pares jóvenes, con vínculos a la soledad.
Un estudio en ratones identificó estructuras linfoides en la médula ósea del cráneo que participan en la vigilancia inmunológica del sistema nervioso central.
Un estudio en ratones identificó poblaciones neuronales que se activan durante la vigilia y ayudan a generar la presión biológica que impulsa el sueño de recuperación.
Un estudio con 62 adultos halló que la psilocibina no solo altera la actividad cerebral: también la reorganiza según lo que la persona está haciendo y percibiendo.
Un estudio en Nature encontró que ratones que cooperan adoptan roles estables de líder y seguidor, y que la corteza prefrontal medial representa esa diferencia al tomar decisiones conjuntas.
Un estudio en ratones sugiere que la inhibición en una región del hipocampo regula cuánto prioriza el cerebro distinguir experiencias parecidas o conservar recuerdos resistentes a la interferencia.
Un estudio en gusanos C. elegans halló que la cohesina, un complejo que ordena el ADN dentro del núcleo, ayuda a definir el destino de ciertas neuronas durante el desarrollo.
Un equipo del MIT desarrolló un microscopio capaz de seguir impulsos eléctricos en neuronas repartidas por casi todo el cerebro de larvas de pez cebra con resolución de milisegundos.
Un estudio en pacientes con párkinson identificó una red cerebral que se comunica entre 20 y 35 Hz y cuya fuerza se asocia con la respuesta a la estimulación cerebral profunda.
Un estudio en ratones mostró que ciertos astrocitos pueden repoblar lesiones cerebrales con una maniobra inusual: generan núcleos nuevos y los desplazan hasta la zona dañada.
Un estudio observacional en Neurology halló que mujeres que usaron terapia hormonal solo con estrógenos tuvieron menos probabilidades de mostrar lesiones cerebrales severas asociadas con Alzheimer.
Un estudio con EEG halló que las señales cerebrales siguen con solidez cómo cambia el dolor dentro de cada persona, pero fallan más al comparar sensibilidades entre individuos.
Un estudio en PLOS Biology sugiere que distinguir mejor entre sonidos propios y ajenos ayuda a sincronizar acciones con otra persona, y que ese trabajo depende más del hemisferio derecho del cerebro.
Un estudio con perros despiertos dentro de un resonador encontró patrones cerebrales distintos ante rostros humanos felices, temerosos, tristes y enojados.
Ocho experimentos sugieren que, al aprender distribuciones de probabilidad, las personas tienden a empujar los patrones hacia una complejidad intermedia en lugar de representarlos tal como son.
Un estudio con vuelos parabólicos sugiere que, cuando baja la gravedad, las personas pierden estabilidad en coordinaciones complejas y tienden a volver a patrones de movimiento más simples.
Un estudio halló que ritmos espontáneos del cerebro, medidos en reposo, anticipan qué tan bien seguimos el habla, y que la participación del sistema motor no es igual en todas las personas.
Un estudio trazó por primera vez un mapa amplio de las diferencias mínimas de color que puede detectar el ojo humano y abrió una vía más práctica para evaluar visión y diseñar pantallas.
Un estudio en ratones señala que un grupo concreto de neuronas del hipocampo contribuye al aprendizaje espacial y a la plasticidad que sostiene ese tipo de memoria.
Un estudio con 159 participantes encontró que, cuando una misma opción arrastra un historial de castigos, aprender de sus recompensas se vuelve más difícil y aumenta la exploración.
Un estudio en eLife sugiere que las personas cambian cuánto pesan los errores recientes y también aprenden, con más tiempo, qué ritmo de aprendizaje conviene en cada entorno.
Un estudio en PLOS Biology sugiere que distintas capas de la corteza auditiva transforman señales sonoras alteradas por el ruido en representaciones más estables.
Un estudio de 12 semanas en universitarios sugiere que los días con mayor precisión cognitiva facilitan metas más ambiciosas y un mejor seguimiento, con diferencias equivalentes a decenas de minutos de trabajo.
Un estudio en monos sugiere que parte de las oscilaciones cambiantes de la actividad cerebral no dependen solo de las neuronas, sino también de los campos eléctricos locales que ellas mismas generan.
Un estudio en moscas halló que la proteína Sex-lethal, conocida por su papel en la determinación sexual, también ayuda a que ciertas neuronas mantengan la producción de moléculas clave para fabricar proteínas.
Un estudio con EEG sugiere que, al pasar de una voz a otra en un ambiente ruidoso, el cerebro representa por un instante ambos flujos de habla en paralelo antes de soltar el anterior.
Un estudio en ratones halló que parte de los circuitos corticales vinculados con la memoria contextual todavía se reorganizan durante la adolescencia tardía, con un bache transitorio en la expresión de ciertos recuerdos.
Un trabajo en PLOS Biology sugiere que ciertos recuerdos olfativos formados en la infancia dependen de neuronas nacidas cerca del nacimiento y de cambios duraderos en redes cerebrales.
Un estudio en PLOS Biology halló que células gliales del cerebro de la mosca cambian con la hora del día cómo importan proteínas y eso altera sueño y metabolismo de grasas.
Un estudio en PLOS Biology encontró que los macacos miran de otra manera a avatares corporales muy realistas pero no del todo naturales, una señal parecida al llamado valle inquietante en humanos.
Un preprint revisado por eLife sugiere que una técnica de resonancia de difusión puede captar señales compatibles con pérdida neuronal y cambios del tejido cerebral en Huntington.
Un estudio en Nature Communications halló que, cuando un primate aprende a distinguir objetos nuevos, también cambian de forma sutil las representaciones visuales en una región alta del cerebro.
Un estudio en eLife presenta una herramienta acústica de bajo costo que detecta mordidas y pausas al comer y las vincula con señales cerebrales asociadas al apetito.
Un estudio en ratones halló que dos versiones de un mismo gen empujan en direcciones opuestas la maduración de células precursoras del cerebelo, una pista sobre cómo el cerebro ajusta su desarrollo con precisión.
Un estudio en PNAS sugiere que la ventaja de la mano dominante no nace de una mitad del cerebro “mejor”, sino de años de práctica con movimientos complejos y uso de herramientas.
Un estudio con resonancia magnética halló que el cerebelo y otra región cerebral vinculada a recompensa actúan de forma coordinada cuando las personas aprenden que una amenaza ya no aparece.
Un estudio en eLife halló que la proteína EML3 es clave para el desarrollo normal de la corteza cerebral en ratones y ayuda a explicar cómo surgen algunas malformaciones raras del cerebro.
Un estudio en eLife con 12 taikonautas sugiere que en microgravedad las personas calculan mal la masa de su propio cuerpo, lo que vuelve más lentos y corregidos algunos movimientos simples.
Un estudio en eLife sugiere que la atención espacial no solo sirve para percibir mejor, sino también para decidir qué partes del entorno entran en los mapas mentales con los que planificamos.
Un estudio en eLife sugiere que sepias y otros cefalópodos coordinan grupos parciales de cromatóforos vecinos, en vez de activar cada célula de pigmento como una unidad aislada.
Un estudio en Nature encontró que dos neuropéptidos ligados a la alimentación también ayudan a regular cómo las hormigas obreras cuidan larvas que no son propias.
Un estudio en PLOS Biology identificó en ratones neuronas del tronco encefálico que suprimen la vigilia y favorecen el sueño, con posibles pistas para entender mejor la narcolepsia.
Un estudio en eLife halló que una zona de drenaje entre la nariz y el cerebro reúne células inmunitarias con un perfil menos inflamatorio en un modelo murino de esclerosis múltiple.
Un estudio en ratones sugiere que el cerebro puede convertir señales táctiles de los bigotes en un mapa preciso de la distancia a objetos cercanos, una función clave para moverse y evitar obstáculos.
Un estudio con 79 bebés sugiere que el cerebro distingue la estructura musical desde los 3 meses, mientras que los movimientos más organizados ante la música recién se vuelven claros hacia el año de vida.
Un estudio con 100 personas y resonancia funcional mostró que la desinformación no solo distorsiona recuerdos individuales: también puede hacer que varias personas terminen recordando el mismo detalle falso.
Un estudio con EEG halló una señal visual temprana y otra más tardía ligada al reporte consciente, una pista sobre cómo el cerebro pasa de procesar fragmentos a construir una percepción unificada.
Un estudio con resonancias funcionales y modelos animales identificó dos patrones biológicos reproducibles dentro del autismo, una pista que podría ayudar a refinar diagnósticos e investigación futura.
Un análisis con 772 personas identificó 17 regiones adicionales vinculadas al lenguaje y sugiere que esta capacidad depende de una red cerebral más distribuida, aunque todavía muy selectiva.
Un estudio en pez cebra mostró que la mielina no depende de una sola molécula de anclaje: cuando fallan tres a la vez, las células encargadas de recubrir axones casi no logran iniciar esa tarea.
Un estudio en Science construyó un atlas tridimensional célula por célula del cerebro de una lamprea y sugiere que el ancestro común de los vertebrados ya tenía una organización cerebral más compleja de lo esperado.
Un estudio con resonancia funcional sugiere que el claustrum ayuda a coordinar redes cerebrales cuando pasamos de atender el mundo exterior a recurrir a recuerdos internos.
Un estudio en ratones sugiere que algunas neuronas jóvenes sufren roturas temporales en el ADN al migrar por espacios estrechos del cerebro y luego las reparan.
Un trabajo con resonancias magnéticas encontró que, en promedio, personas con más rasgos psicopáticos tenían un estriado de mayor tamaño, una región cerebral vinculada con recompensa e impulsividad.
Un estudio en Nature Neuroscience halló que algunas regiones del cerebelo se preservan mejor con la edad y se asocian con mayor rendimiento cognitivo, incluso en etapas tempranas de Alzheimer.
Un estudio con registros intracraneales en pacientes neuroquirúrgicos sugiere que algunas neuronas humanas se activan más cuando las oscilaciones cerebrales pasan por frecuencias lentas muy específicas.
Un estudio con resonancia funcional de alta resolución y seguimiento pupilar sugiere que las variaciones normales del estado de alerta no afectan al cerebro de manera uniforme, sino que reordenan circuitos específicos.
Un estudio halló que bebés de apenas horas o pocos días de vida pueden reconocer palabras ya oídas si la voz de quien habla les ayuda a separar mejor esos sonidos de otros que interfieren.
Un estudio con 40 adultos halló que pasar unas 28 horas despierto eleva en varias regiones del cerebro un marcador asociado a la densidad de sinapsis, en línea con la idea de que dormir ayuda a reajustar esas conexiones.
Registros de neuronas individuales en macacos sugieren que el cerebro no usa la misma lógica cuando planifica una decisión que cuando repite una costumbre.
Un estudio en macacos distinguió qué señales de la corteza visual participan de forma directa en una decisión y cuáles reflejan contexto o experiencia reciente.
Un estudio en ratones identificó una región del tálamo que mantiene la respuesta de alarma tras el estrés y la distingue del miedo aprendido.
Un nuevo método convierte el mapa de conexiones neuronales en un problema de secuenciación y permitió detectar miles de enlaces entre neuronas con precisión sináptica en cerebros de ratón.
Un estudio con 600 adolescentes en Estados Unidos encuentra que aquellos que perciben que sus padres están frecuentemente distraídos por sus teléfonos tienen mayor probabilidad de desarrollar un estilo de apego inseguro.
Un estudio en ratones halló que la cafeína restauró un circuito cerebral alterado por la privación de sueño y mejoró una forma específica de memoria social.
Un estudio con microscopía electrónica sugiere que una técnica usada para crear lesiones neuronales controladas no produce un daño material significativo en multielectrodos implantados durante años.
Un estudio en ratones sugiere que los oligodendrocitos no solo recubren neuronas con mielina: también ayudan a sincronizar la actividad del cerebro en una etapa temprana del desarrollo.
Un trabajo en eLife describe una técnica que acelera mucho la obtención de imágenes 3D del cerebro vivo y ayuda a seguir flujo sanguíneo, neuronas y células inmunes.
Un estudio en animales identificó una cadena de señales en el hipotálamo en la que células gliales ayudan a activar la sensación de saciedad, una pista relevante para investigar obesidad y trastornos alimentarios.
Un trabajo en eLife muestra que una proteasa del enterovirus D68 altera una estructura clave del núcleo celular y contribuye al daño de neuronas motoras, un hallazgo relevante para entender la mielitis flácida aguda.
Un estudio en pez cebra identificó una señal de las microglías que limita la producción de nuevas neuronas tras una lesión medular, mostrando que regenerar más no siempre implica recuperar mejor la función.
Un estudio con 29 adultos usó resonancia magnética avanzada para seguir, en personas vivas, cambios breves y cambios más duraderos del cerebro mientras aprendían una secuencia de movimientos.
Un estudio en eLife halló que la disponibilidad nuclear de CK1δ ayuda a definir cuánto dura el ciclo del reloj circadiano, una pieza clave para entender cómo se ajustan sueño y ritmos biológicos.
Un estudio en eLife sugiere que escuchar un pulso artificialmente acelerado antes de un estímulo doloroso puede volver más intensa y desagradable la experiencia, incluso cuando el estímulo físico no cambia.
Un estudio en PLOS Biology halló que el cerebro puede ajustar cómo hablamos a partir de errores auditivos incluso cuando la persona frena la palabra antes de decirla.
Un estudio comparó atlas celulares de cinco cordados y halló que antiguas duplicaciones completas del genoma ayudaron a expandir y diversificar los tipos de células del cerebro de los vertebrados.
Un estudio en ratas halló que una lesión cerebral traumática altera la coordinación de ondas eléctricas del hipocampo, un cambio que podría ayudar a explicar por qué aparecen problemas de memoria.
Estudios que siguieron recuerdos en conversaciones y pensamientos cotidianos sugieren que el envejecimiento no borra la memoria autobiográfica tanto como indican algunas pruebas de laboratorio.
Un trabajo en PLOS Biology encontró que los ritmos de comunicación acústica de 98 especies se agrupan alrededor de 2,7 Hz, dentro del rango delta del cerebro.
Un estudio en eLife siguió la actividad neuronal en cinco regiones cerebrales y mostró que las representaciones de olores se vuelven más selectivas hacia el hipocampo.
Un estudio en PLOS Biology encontró que la arquitectura metabólica de la corteza visual de macacos sigue de cerca la organización del campo visual y las demandas de procesamiento de caras y escenas.
Un estudio en ratones identificó una población neuronal de la amígdala cuya actividad desbalanceada basta para desencadenar ansiedad y retraimiento social, y mostró que corregirla puede revertir esos efectos.
Un estudio en peces cebra detectó patrones coordinados de actividad cerebral varios segundos antes de que los animales se acercaran a otro individuo, una pista sobre cómo nace la conducta social.
Investigadores desarrollaron compuestos derivados de vitamina K que, en células y ratones, favorecieron con más fuerza la formación de neuronas y lograron llegar al cerebro.
Un estudio en ratones sugiere que ciertos linfocitos T CD8+ en la sangre contribuyen al deterioro cognitivo asociado a la edad y que bloquearlos podría mejorar la memoria.
Científicos de UC San Francisco identificaron la proteína FTL1 como conductora del envejecimiento cerebral. En ratones, reducir sus niveles revirtió el deterioro de memoria.