La idea de que buena parte de los circuitos de memoria ya están maduros al comienzo de la adolescencia podría necesitar un ajuste. Un estudio publicado en PLOS Biology sugiere que, al menos en ratones, la adolescencia tardía incluye una reorganización importante en una zona de la corteza vinculada con los recuerdos de contexto, y que ese cambio viene acompañado por un descenso transitorio en la capacidad de expresar ciertas memorias formadas antes.
El trabajo se centró en la corteza retrosplenial, una región que participa en la red cerebral que ayuda a recordar dónde y en qué situación ocurrió una experiencia. Los investigadores siguieron cómo cambiaba esa zona entre la adolescencia temprana y la tardía en ratones, y encontraron una caída en estructuras que rodean a ciertas neuronas y ayudan a estabilizar conexiones ya formadas. En paralelo, observaron que recuerdos contextuales adquiridos en una etapa más temprana se expresaban peor durante ese tramo del desarrollo.
Para ponerlo a prueba, el equipo usó un paradigma clásico en neurociencia: el condicionamiento de miedo contextual. En términos simples, los animales aprenden a asociar un ambiente con una experiencia desagradable, y luego esa memoria se evalúa viendo si la reacción reaparece al volver al mismo lugar. Lo llamativo fue que esa respuesta no siguió una línea recta: en la adolescencia tardía parecía debilitarse, pero más adelante volvía a fortalecerse, en sintonía con la reconstrucción progresiva del entorno celular que estabiliza esos circuitos.
Los autores también intervinieron de forma más directa sobre ese proceso. Cuando lograron estabilizar parte de esa matriz que rodea a las neuronas, el deterioro de la memoria se redujo. Eso refuerza la idea de que no se trataba solo de un cambio de conducta inespecífico o de una diferencia general entre animales jóvenes y mayores, sino de una reorganización biológica concreta en un circuito relacionado con la memoria remota.
El interés del hallazgo no está solo en entender mejor cómo recuerdan los ratones. La adolescencia humana también es un período de cambios cerebrales prolongados, y este trabajo aporta una pista sobre cómo una red cortical que parecía relativamente asentada todavía puede entrar en una fase de reajuste. Esa posibilidad importa porque ayuda a pensar el desarrollo no como un simple avance continuo, sino como una secuencia con momentos de consolidación y otros de inestabilidad temporal.
Conviene, de todos modos, no trasladar el resultado de manera automática a la experiencia humana. El estudio se hizo en ratones, con un tipo específico de memoria y con escalas de tiempo biológicas que no equivalen de forma directa a las nuestras. Además, los autores observaron la expresión de recuerdos en una tarea experimental concreta, no la memoria autobiográfica compleja de una persona. Aún así, el trabajo ofrece una idea sugerente: algunos recuerdos pueden no debilitarse porque desaparecen, sino porque el circuito que los sostiene atraviesa, durante un tiempo, una etapa de remodelación.
Retrosplenial cortical reorganization during late adolescence introduces instability of contextual memory circuits · PLOS Biology
journals.plos.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Zhang, H., Petrovic, Z., Wood, E. M., Cicvaric, A., Krispil-Alon, M., Jovasevic, V., Parker, K., Bassett, T. E., Carboncino, A., Guedea, A. L., Yi, P., Richter-Levin, G., Gonçalves, J. T., & Radulovic, J. (2026). Retrosplenial cortical reorganization during late adolescence introduces instability of contextual memory circuits. PLOS Biology, 24(7), e3003908. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003908
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