En la evolución entre una mosca y un virus, no hay un ganador fijo

Un experimento con 90 combinaciones de moscas y virus muestra que la ventaja evolutiva depende de la pareja concreta, no de una variante genética que gane siempre.

Por Redacción Ciencias.UY 22 de octubre de 2026 a las 17:45 3 min de lectura
Imagen: journals.plos.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Esquema del ciclo de transmisión de un virus sigma entre generaciones de moscas, basado en el estudio.

Cuando un organismo se enfrenta a un virus, es tentador imaginar que una variante genética le da una ventaja permanente. Un experimento con la mosca Drosophila melanogaster y el virus sigma llega a otra conclusión: qué tan bien le va a cada uno depende, sobre todo, de la combinación particular de variantes hereditarias que se encuentran.

El equipo reunió nueve líneas genéticas de moscas y diez aislamientos del virus, con los que formó 90 combinaciones. Midió cuánto se transmitía el virus a la descendencia, cuánta cantidad de virus había en las moscas y cuánto afectaba a su supervivencia y reproducción. También usó modelos matemáticos de coevolución, es decir, del cambio evolutivo recíproco entre organismos que se influyen mutuamente.

Los resultados mostraron que las diferencias entre pares de mosca y virus explicaban gran parte de la variación observada. Una variante de la mosca podía funcionar relativamente bien frente a un virus, pero no frente a otro; de modo equivalente, un tipo de virus no conservaba la misma ventaja en todos los fondos genéticos de las moscas. Algunas de esas relaciones también cambiaban entre hembras y machos.

Esa dependencia del contexto ayuda a entender una pregunta clásica de la evolución: por qué se mantiene tanta diversidad genética si la selección natural tiende a favorecer lo que funciona mejor. Si ninguna variante vence de manera consistente en todas las situaciones, la selección no puede empujar indefinidamente a una sola hacia el predominio. Parte de la diversidad queda, por así decirlo, oculta en las relaciones entre variantes y puede adquirir importancia cuando cambia el ambiente o cambia la frecuencia de esas variantes en la población.

El virus sigma se transmite de madres y padres a su descendencia, una vía distinta de la de muchos virus conocidos en seres humanos. Por eso el estudio no permite anticipar cómo evolucionará una infección humana concreta ni identificar genes protectores para personas. Su aporte es más general: ofrece evidencia experimental de que, en una carrera evolutiva entre hospedador y virus, la ventaja puede ser una propiedad de la pareja y no de uno de sus integrantes por separado.

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Cita original

Belyi, A., Du, Y., Wilson, A. J., Longdon, B., & Jiggins, F. M. (2026). Host–virus interactions dominate fitness and conceal additive genetic variation. PLOS Biology, 24(10), e3003836. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003836

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