Las mantarrayas gigantes (Mobula birostris) no usan el océano de la misma manera durante toda su vida. Un trabajo realizado en el Pacífico de Costa Rica halló que los individuos jóvenes permanecen cerca de arrecifes y plataformas costeras poco profundas, mientras los adultos recorren rutas regionales que atraviesan aguas de varios países y mar abierto. El contraste ayuda a entender por qué un solo tipo de área protegida difícilmente cubre todas las necesidades de una especie tan móvil.
El equipo reunió información entre 2018 y 2025 con tres formas de seguimiento. Colocó transmisores acústicos en 59 mantarrayas: esos dispositivos son detectados cuando el animal pasa cerca de receptores instalados bajo el agua. También siguió por satélite a una docena de individuos y comparó las trayectorias con fotografías que permiten reconocer a cada raya por los dibujos de su vientre. La combinación permitió reconstruir movimientos locales y viajes de cientos o miles de kilómetros, aunque no todos los transmisores funcionaron durante el mismo tiempo.
Las señales acústicas registraron 12.029 detecciones válidas. En las zonas costeras, las mantarrayas inmaduras volvieron a lugares concretos de arrecife, incluidos puntos donde peces pequeños les retiran parásitos y tejido muerto. Esos sitios de limpieza no son una residencia permanente: los animales entran y salen de ellos. Pero los datos indican que cumplen una función repetida para los ejemplares jóvenes dentro de un conjunto fragmentado de hábitats cercanos a la costa.
Las trayectorias de los adultos mostraron otra escala. Nueve de los doce individuos seguidos por satélite cruzaron fronteras marítimas de Costa Rica hacia Nicaragua, El Salvador, Honduras o Guatemala, y también pasaron por aguas internacionales. En conjunto, sus recorridos conectaron las cercanías de la isla del Coco con el borde de la plataforma continental centroamericana. Las áreas de uso más intenso se superpusieron en parte con reservas costeras e insulares, pero las rutas de mar abierto quedaron fuera de esas áreas en los datos analizados.
El resultado no demuestra que cada mantarraya joven siga siempre el mismo patrón ni permite describir a toda la población del Pacífico oriental: solo dos individuos inmaduros tuvieron seguimiento satelital, y la duración de las marcas varió mucho. Aún así, ofrece una línea de base para distinguir dos preguntas que a menudo se mezclan: dónde encuentran refugio los animales en desarrollo y por dónde se desplazan los adultos. Para conservar ambos momentos del ciclo de vida, hacen falta datos que conecten los arrecifes costeros con los corredores oceánicos, en lugar de mirar cada ambiente por separado.
Baby manta rays hunker down near coasts while adults roam: Study · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Madrigal-Mesén, J., Martín-Rivas, C., & Arauz, R. (2026). Bridging coastal aggregation hubs and oceanic sanctuaries: the first multi-scale telemetry baseline for the giant manta ray (Mobula birostris) in Central America. Frontiers in Fish Science, 4, 1916489. https://doi.org/10.3389/frish.2026.1916489
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