Un mapa de proteínas ayuda a buscar combinaciones más selectivas contra el cáncer
Un estudio en Nature propone mirar qué proteínas están juntas en la superficie de células tumorales para encontrar combinaciones terapéuticas más precisas.
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Un estudio en Nature propone mirar qué proteínas están juntas en la superficie de células tumorales para encontrar combinaciones terapéuticas más precisas.
Un estudio en Nature describe un degradador molecular que elimina proteínas ALK anómalas y redujo tumores en modelos preclínicos de cáncer de pulmón.
En modelos de cáncer de páncreas, dos proteínas ayudaron a formar nichos que excluyen células T. Al bloquear esa vía, la inmunoterapia funcionó mejor en ratones.
Estudio en ratas y tejidos humanos revela que dos dosis de psilocibina antes de la quimioterapia previno la neuropatía periférica, efecto secundario doloroso que afecta a millones.
Un equipo diseñó una nanoplataforma basada en micobacterias que reentrena células inmunitarias del bazo y, junto con terapia estándar, redujo recaídas de cáncer en ratones operados.
Un estudio en Nature propone liberar fármacos antitumorales junto a la célula cancerosa, en vez de esperar que esta los absorba, y logró mejores resultados en modelos preclínicos.
Un estudio en Cell propone que las poliaminas actúan como un resguardo químico para el hierro reactivo dentro de las células, con posibles implicancias para cáncer y Parkinson.
Investigadores de KAIST desarrollaron una herramienta computacional que detecta circuitos moleculares que mantienen a una célula en un estado irreversible, clave para estudiar cáncer y envejecimiento.
Un equipo del MIT redujo el uso de un conservante problemático al congelar células CAR-T y logró que siguieran funcionando en pruebas con ratones, una mejora que podría simplificar su llegada a más hospitales.
Un estudio preclínico diseñó vesículas sintéticas inspiradas en glóbulos rojos que lograron transportar cargas muy distintas, circular más tiempo en ratones y reducir parte del reconocimiento por células inmunes.
Un estudio observó que células epiteliales sanas y tumorales se contraen y expanden en pulsos coordinados, pero las malignas sostienen ese ritmo durante más tiempo.
Un estudio en Nature reunió 665 modelos tumorales derivados de pacientes y mostró que, en su mayoría, conservan rasgos genéticos clave del cáncer original, con potencial para acelerar la investigación preclínica.
Un estudio presentó MRICombo, un sistema que reunió varias tareas de análisis oncológico por resonancia magnética y mantuvo buen desempeño aún con imágenes obtenidas en equipos y secuencias diferentes.
Un estudio halló que el aparato de Golgi no solo clasifica proteínas: también almacena factores de reparación del ADN y los libera según el tipo de daño que sufre la célula.
Un estudio en ratones sugiere que la genética heredada no solo influye en el riesgo de cáncer, sino también en el tipo de mutaciones y la trayectoria que toma el tumor desde sus primeras etapas.
Una variante poco común de CRISPR, llamada Cas12a2, logró reconocer ARN propio de células tumorales y desencadenar una destrucción masiva de su ADN en experimentos de laboratorio.
Investigadores identificaron el gen SLC35F2 como la puerta de entrada celular de la queuosina, una molécula vinculada con memoria, respuesta al estrés y supresión tumoral.
Un estudio en laboratorio y en ratones sugiere que la zeaxantina, un nutriente conocido por su papel en la salud ocular, también podría potenciar la respuesta inmunitaria contra tumores.
Un estudio en Estonia halló que 19,7% de los familiares sanos de pacientes con cáncer de mama u ovario portaba variantes genéticas asociadas con mayor riesgo, incluso entre hombres sin diagnóstico.
Un equipo desarrolló microrrobots biodegradables guiados por campos magnéticos, visibles en tiempo real y capaces de aplicar calor localizado sobre tumores en pruebas preclínicas.
Un estudio en eLife encontró que las células humanas más grandes resisten mejor la ferroptosis, una forma de muerte celular que se investiga como posible blanco contra ciertos tumores.
Un estudio sugiere que algunos tumores que apagan MHC I para esquivar linfocitos CD8+ pueden quedar más expuestos a ataques de linfocitos CD4+, lo que abre una vía inesperada para inmunoterapia.
Un estudio mostró que las células que duplican todo su genoma no siempre tienen el mismo destino: su supervivencia depende de cómo falló el proceso de división celular.
Una técnica llamada Glycan Atlasing permitió mapear azúcares en la superficie celular y distinguir etapas de cáncer y tejido sano en muestras humanas.
Investigadores descubrieron que bloquear la proteína Ant2 hace que las células T sean mucho más efectivas contra el cáncer.
Un análisis de ADN viral en sangre y saliva de biobancos vincula al virus de Epstein-Barr con mayor riesgo de linfoma de Hodgkin.
Científicos demostraron por primera vez que bacterias intestinales específicas pueden mejorar la eficacia de la terapia de células CAR-T contra el cáncer, abriendo nuevas posibilidades para personalizar el tratamiento.
Investigadores de Birmingham identificaron biomarcadores intestinales que podrían ayudar a detectar cáncer gástrico y colorrectal con apoyo de IA.
Un sistema de ADN sintético identifica células cancerosas mediante dos marcadores y libera fármacos solo cuando ambos están presentes.
Científicos de Johns Hopkins Medicine identificaron el gen KLF5 como un factor clave que impulsa la propagación del cáncer de páncreas mediante cambios epigenéticos, ofreciendo un nuevo objetivo terapéutico.
Investigadores de la Universidad McMaster y SickKids descubrieron que células cerebrales llamadas oligodendrocitos ayudan al glioblastoma a crecer. Un medicamento existente para el VIH podría bloquear esta comunicación.