En el Gran Cañón, las paredes de roca cuentan casi 2.000 millones de años de historia terrestre. Pero el relato tiene un vacío enorme: entre capas de unos 1.800 millones de años y otras de alrededor de 520 millones falta más de la mitad de ese tiempo. Un nuevo estudio propone que parte de esa ausencia pudo originarse cuando un gigantesco borde elevado atravesaba el continente que precedió a América del Norte.
Los autores llaman a esa estructura la Gran Escarpa de Laurentia. Laurentia era un antiguo bloque continental que incluía buena parte de la futura Norteamérica. Según la propuesta, el borde comenzó a formarse hace entre 800 y 750 millones de años, cuando el supercontinente Rodinia se fragmentaba. No habría sido una montaña aislada: el escarpamiento pudo extenderse desde la región que hoy corresponde a Alaska hasta Arizona y alcanzar uno o dos kilómetros de desnivel.
Para investigar una forma del relieve que desapareció hace cientos de millones de años, el equipo no buscó una pared intacta en el terreno. Usó modelos informáticos de evolución del paisaje, que simulan cómo cambian la altura del terreno y la erosión bajo distintas condiciones tectónicas. Luego comparó el patrón obtenido con evidencias geológicas previas, entre ellas estimaciones de cuándo las rocas profundas quedaron expuestas en la región.
Los resultados indican que la erosión pudo ser muy desigual. Cerca del escarpamiento, los modelos calculan hasta ocho kilómetros de material removido; a unos 200 kilómetros de distancia, la pérdida baja a dos kilómetros o menos. Esa diferencia encaja con una característica conocida como la Gran Discordancia: una superficie donde faltan tramos muy extensos del registro de rocas en el suroeste de Estados Unidos.
La explicación no afirma que una única causa haya borrado todo el intervalo ausente. El momento coincide, además, con las grandes glaciaciones del período Criogénico, cuando el hielo pudo haber reforzado el desgaste de las pendientes. Los investigadores todavía no pueden precisar cuánto material se perdió antes, durante o después de esas glaciaciones, ni cuánto aportó cada proceso.
La importancia del trabajo está en que convierte una ausencia en una pregunta medible. Las capas que no están también dejan huellas: rocas profundas expuestas, fallas reactivadas y variaciones en el espesor de los materiales perdidos. Al combinar esas señales con simulaciones, la geología puede poner a prueba historias posibles de un paisaje que ya no existe y reconstruir, con incertidumbres explícitas, una parte del pasado continental.
How the Grand Canyon could have lost 1 billion years of geologic history · Science News
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Gernon, T. M., Hincks, T. K., Rugen, E. J., Brune, S., Braun, J., & Marshak, S. (2026). Exhumation of Grand Canyon’s basement along the Great Escarpment of Laurentia. Geology. https://doi.org/10.1130/G55133.1
Relacionadas por categoría
Ver masLas señales que anticipan las fuentes de lava de Kīlauea
Registros de sismos, sonidos, deformación del terreno y gases ayudan a explicar las fuentes de lava repetidas del volcán Kīlauea.
Microbios bajo el hielo antártico ofrecen pistas sobre antiguas rocas de hierro
Un estudio de sedimentos bajo la plataforma Larsen C halló una bacteria capaz de oxidar hierro sin luz, una pista para investigar antiguos depósitos minerales.
Las huellas de rocas caídas revelan un sismo reciente en Marte
Imágenes tomadas antes y después de un sismo sugieren que el temblor hizo caer rocas en Cerberus Fossae y abre una vía para rastrear actividad sísmica desde órbita.
Más de la misma fuente
Ver masModelos 3D sugieren cómo peleaban algunos dinosaurios cornudos
Simulaciones de cráneos fósiles indican que distintas formas de cuernos podían tolerar diferentes tipos de enfrentamiento entre ceratópsidos.
Una herida en el hombro de un neandertal reabre preguntas sobre Shanidar
El análisis de un esqueleto de hace unos 75.000 años distingue daños posteriores al entierro de lesiones sufridas en vida o cerca de la muerte.
APOE4 y los vasos del cerebro: una pista sobre el riesgo de Alzheimer
Un estudio relaciona la variante genética APOE4 con cambios en las células que sostienen los vasos cerebrales. Los resultados ayudan a investigar el Alzheimer, pero no prueban un tratamiento.
Más del mismo autor
Ver masUna nube sin estrellas podría ser una galaxia oscura aislada
Una señal de hidrógeno detectada por FAST, sin luz estelar visible en imágenes profundas, abre una ventana para buscar galaxias casi invisibles.
Un voltaje desplazó capas de grafeno y activó o apagó su magnetismo
Un experimento con grafeno de cuatro capas mostró que un voltaje puede modificar su apilamiento atómico y alternar entre estados no magnéticos y ferromagnéticos.
Por qué algunas calmas prolongadas elevan el riesgo de calor en la Gran Barrera de Coral
Un análisis de 29 veranos australes explica cómo ciertos patrones atmosféricos pueden prolongar la falta de viento, calentar el mar y aumentar el estrés térmico sobre la Gran Barrera de Coral.