Por qué algunas calmas prolongadas elevan el riesgo de calor en la Gran Barrera de Coral

Un análisis de 29 veranos australes explica cómo ciertos patrones atmosféricos pueden prolongar la falta de viento, calentar el mar y aumentar el estrés térmico sobre la Gran Barrera de Coral.

Por Redacción Ciencias.UY 17 de octubre de 2026 a las 08:45 4 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Corales de un arrecife vistos bajo el agua, incluidos ejemplares blanqueados, relacionados con el estrés térmico marino.

En la Gran Barrera de Coral, una semana con poco viento puede importar tanto como una ola de calor anunciada. Cuando se debilitan los vientos alisios y disminuye la nubosidad, la superficie del mar se mezcla menos con aguas más profundas, pierde menos calor por evaporación y recibe más radiación solar. Esa combinación puede acelerar el calentamiento del agua somera donde viven los corales.

Un equipo de investigación analizó 29 veranos australes, entre 1996 y 2024, para entender por qué algunas de estas calmas duran apenas uno o dos días y otras persisten cinco días o más. A partir de registros atmosféricos reconstruidos y de un análisis que agrupó patrones meteorológicos, identificaron 835 días con estas condiciones sobre la zona central de la Gran Barrera. Luego compararon 155 episodios breves con 57 prolongados.

La diferencia no apareció solo cerca del arrecife. Los episodios largos coincidieron con configuraciones de la atmósfera que se extendían desde las latitudes medias hasta los trópicos. En particular, una ondulación de gran escala en la circulación atmosférica —una onda de Rossby— tendía a frenar su desplazamiento sobre o cerca del este de Australia. Ese estancamiento favorecía vientos anómalos del oeste que contrarrestaban los alisios habituales.

Al mismo tiempo, otras variaciones tropicales podían reforzar la situación. Los autores observaron que, durante las calmas más largas, dos patrones de circulación tropical se alineaban con mayor frecuencia de una manera que sostenía los vientos débiles. También rastrearon aire seco que descendía desde latitudes medias y atravesaba el interior de Australia antes de alcanzar la región del arrecife. Ese aire favorece cielos menos cubiertos, por lo que entra más energía solar al océano.

El resultado ayuda a conectar fenómenos que suelen analizarse de forma independiente: los procesos de la alta atmósfera, el comportamiento de los vientos sobre Australia y el aumento de temperatura junto a un arrecife. Las calmas no causan por sí solas el blanqueamiento, pero pueden crear las condiciones para que el calor se acumule con rapidez y una ola de calor marina se vuelva más probable. Durante el blanqueamiento, los corales sometidos a estrés térmico pierden las algas microscópicas que les aportan buena parte de su energía y color; si el episodio es intenso o prolongado, su supervivencia queda comprometida.

El estudio no ofrece un pronóstico automático de cada próximo episodio de blanqueamiento. Se basa en relaciones observadas en una región y período concretos, y el calentamiento del mar depende también de la temperatura previa del agua, las nubes, las corrientes y otros factores. Aún así, distinguir las señales que separan una calma breve de una persistente puede mejorar la vigilancia de períodos de alto riesgo y ayudar a explicar por qué el calor se intensifica tan rápido en algunos veranos australes.

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DOI del paper

10.5194/wcd-7-1977-2026

Cita original

Richards, L. S., Huang, Y., Barnes, M. A., Jin, C., Muhammad, F. R., Harrison, D. P., & Siems, S. T. (2026). The development and persistence of doldrums over the Great Barrier Reef. Weather and Climate Dynamics, 7(4), 1977–1993. https://doi.org/10.5194/wcd-7-1977-2026

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