Un gen ayuda a explicar por qué algunas conchas de caracol giran al revés

Variantes naturales de un gen de miosina se asociaron con el giro opuesto de conchas y órganos en caracoles japoneses sanos.

Por Redacción Ciencias.UY 17 de octubre de 2026 a las 03:45 4 min de lectura
Imagen: Angus Davison / Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Dos caracoles sobre una superficie rocosa, con sus conchas espirales visibles.

Una concha que se enrolla hacia la izquierda puede parecer apenas una rareza visual. Sin embargo, en los caracoles japoneses del género Euhadra, ese giro también se refleja en la disposición de los órganos. Un estudio identificó variaciones naturales de un gen vinculado con una proteína llamada miosina que se asocian con esas dos formas de construir el cuerpo: una es la imagen especular de la otra.

La mayoría de los animales tiene una orientación izquierda-derecha bastante constante. En las personas, por ejemplo, el corazón suele ubicarse hacia la izquierda. En los caracoles, la dirección de la espiral ofrece una señal visible de esa asimetría. El nuevo trabajo se concentró en poblaciones silvestres en las que conviven ejemplares con conchas que giran en sentidos opuestos y ambos tipos pueden reproducirse entre sí.

El equipo comparó esas variantes de Euhadra y analizó el gen que produce una clase de miosina. Esta proteína participa, junto con otras, en el andamiaje interno que permite a las células desplazarse y cambiar de forma. Los resultados indican que pequeñas diferencias en la proteína están relacionadas con la manera en que las células se tuercen en las primeras etapas del desarrollo. Ese cambio temprano coincide luego con la orientación de la concha y de los órganos del animal adulto.

No se trata de que una sola variante genética controle cada detalle del cuerpo. La asimetría surge durante una secuencia de desarrollo en la que interactúan células, tejidos y genes. Pero disponer de dos formas viables de un mismo grupo de caracoles permite estudiar esa secuencia en condiciones poco habituales: los dos patrones no son una enfermedad ni una malformación, sino variantes naturales que se han mantenido durante mucho tiempo.

Para poner el resultado en perspectiva, los investigadores también lo compararon con un caracol de estanque. Allí, los individuos con giro izquierdo son poco frecuentes y una mutación en otro gen se acompaña de un desarrollo anormal. El contraste ayuda a separar dos preguntas que a menudo se mezclan: cómo se establece un lado izquierdo y uno derecho, y qué ocurre cuando un cambio altera otros procesos necesarios para que el embrión se desarrolle con normalidad.

El hallazgo no explica directamente por qué algunos órganos humanos se ubican en un lado u otro, ni permite trasladar sin más los resultados de un molusco a la medicina. Su aporte está en ofrecer un caso natural para observar cómo una diferencia molecular muy temprana puede ampliarse hasta organizar un cuerpo entero. Las conchas que parecen espejos muestran, así, que la simetría de los animales se construye paso a paso y puede seguir caminos biológicos distintos sin dejar de producir organismos sanos.

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Angus Davison / Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen

Cita original

Lewis, A. M., Ishii, Y., Ito, S., Kimura, K., Johansen, M., Hume, A. N., Moore, C., Hartman, T., Jackson, D. J., Chiba, S., Hirano, T., & Davison, A. (2026). An ancient polymorphism in myosin I a/b determines chiral variation in Japanese Euhadra snails. Current Biology. https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.09.059

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