Una perforación casi circular en un omóplato de hace unos 75.000 años está ayudando a reconstruir, con cautela, los últimos momentos de un individuo de neandertal (Homo neanderthalensis) hallado en la cueva de Shanidar, en el actual Kurdistán iraquí. El estudio no permite saber quién produjo la lesión ni en qué circunstancias, pero sí separa una herida ocurrida alrededor de la muerte de los daños que un hueso puede acumular durante milenios bajo tierra.
Los restos, denominados Shanidar A, aparecieron en excavaciones recientes cerca de otros esqueletos neandertales. Incluyen una mano, costillas, dientes y una escápula, el hueso ancho que forma la parte posterior del hombro. En esa escápula, el equipo encontró un orificio de unos 15 milímetros y fracturas que se expanden desde el borde de la perforación.
Para averiguar si ese agujero había sido producido por raíces, insectos, sedimentos o una lesión, los investigadores retiraron el hueso junto con el sedimento que lo rodeaba. Las tomografías computadas revelaron fragmentos de la propia escápula incrustados detrás de la perforación; uno pudo encajar de nuevo en el borde. Junto con el examen microscópico y la ausencia de señales de cicatrización, esa evidencia indica que el hueso fue atravesado cuando todavía conservaba sus propiedades de tejido fresco, poco antes o poco después de la muerte.
La forma redonda de la lesión se parece a las perforaciones obtenidas en pruebas con puntas de madera y no a las marcas más angulosas que suelen dejar las puntas de piedra. Es una compatibilidad, no una identificación definitiva del arma: el registro óseo no conserva a la persona que empuñó el objeto, la distancia ni el motivo. Por eso, el trabajo plantea una lesión penetrante posiblemente vinculada a una lanza de madera, pero no demuestra por sí solo un ataque entre personas.
Los dientes suman otra historia, anterior a esa perforación. Uno de los incisivos estaba tan fracturado que habría afectado la alimentación y muestra acumulación de sarro en la zona dañada, señal de que la lesión facial había ocurrido años antes de la muerte. Sobrevivir a ella pudo requerir adaptaciones o respaldo de quienes lo rodeaban, aunque un esqueleto aislado no alcanza para probar cómo era el cuidado dentro del grupo.
El estudio también examina la posición de Shanidar A dentro de una concentración de restos depositados en distintos momentos de la cueva. Los autores consideran que la reiteración de entierros en un espacio reducido es difícil de explicar sin una conducta intencional; sin embargo, el significado de esos depósitos y las interpretaciones sobre rituales o símbolos siguen en discusión. Esa incertidumbre es parte central del resultado: los huesos permiten descartar algunas explicaciones y sostener otras como hipótesis, pero no convierten una escena de hace milenios en un relato cerrado.
A telling hole in a Neandertal bone hints at a bitter end · Science News
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Pomeroy, E., Hunt, C. O., López-Polín, L., Sala, N., Pantoja Pérez, A., Holman, J., Twyman, J., Bennett, P., Reynolds, T., Lane, R., Pirrie, D., & Barker, G. (2026). Evidence for funerary behaviour and lethal trauma in a new Neanderthal individual from Shanidar Cave. Scientific Reports, 16(1), 30042. https://doi.org/10.1038/s41598-026-69193-z
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