Bajo una plataforma de hielo antártica, donde no llega la luz del Sol y el oxígeno es escaso, investigadores encontraron indicios de una bacteria capaz de transformar hierro disuelto en minerales. El resultado no reescribe por sí solo la historia geológica del planeta, pero aporta una vía plausible para estudiar cómo pudieron originarse algunas grandes acumulaciones de hierro en océanos cubiertos de hielo hace cientos de millones de años.
El equipo analizó un testigo de sedimentos extraído cerca de la plataforma de hielo Larsen C. Esas capas guardan una secuencia de cambios ambientales de unos 12.000 años. A partir del ADN preservado en el sedimento, los investigadores reconstruyeron genomas de microorganismos que no habían sido cultivados en laboratorio y compararon qué grupos aparecían en distintas capas.
Uno de esos organismos, denominado provisionalmente Candidatus Mariimomonas ferrooxydans, ocupaba una posición destacada en la red de microbios de las capas formadas bajo el hielo. Su genoma incluía el gen de una proteína llamada Cyc2, asociada a la oxidación del hierro: una transformación que convierte una forma más soluble del metal en otra que puede precipitar y acumularse como mineral.
Para comprobar que no se trataba solo de una predicción basada en ADN, el grupo introdujo el gen de Cyc2 en una bacteria de laboratorio y midió su efecto. El experimento mostró que la proteína podía acelerar la oxidación de hierro. También usaron una técnica de fluorescencia para localizar al microorganismo candidato en las muestras de sedimento. Juntas, esas evidencias conectan una señal genética, un organismo presente en el ambiente y una actividad química medida experimentalmente.
Las formaciones de hierro bandeado —rocas con capas alternadas ricas en hierro y sílice— conservan parte de la historia química de los océanos antiguos. Una explicación habitual les atribuye un papel central a microorganismos que usaban luz. Sin embargo, durante episodios de la llamada Tierra bola de nieve, extensas superficies oceánicas habrían permanecido cubiertas de hielo, por lo que la luz difícilmente alcanzaba el agua subyacente. El ambiente de Larsen C no es una copia del planeta de entonces, pero permite observar procesos actuales en condiciones de oscuridad y poco oxígeno que sirven como análogo.
El estudio propone que microbios que obtienen energía de reacciones químicas, en lugar de la luz, también pudieron contribuir a transformar y precipitar hierro en esos ambientes. Eso amplía las hipótesis sobre el origen de algunos depósitos, pero no identifica a esta bacteria moderna como la causa de todas las rocas antiguas ni demuestra directamente qué organismo actuó en el pasado remoto. Harán falta comparaciones con más sedimentos, minerales y señales geoquímicas para determinar cuánto peso tuvo este mecanismo en distintas épocas de la Tierra.
La investigación ilustra además cómo el ADN ambiental puede recuperar rastros de comunidades invisibles y vincularlos con experimentos de laboratorio. En lugar de buscar un único responsable para procesos geológicos enormes, ayuda a reconstruir una red de interacciones entre agua, minerales y microorganismos que sigue funcionando bajo el hielo antártico.
Snowball Earth's iron deposits may have formed through microbes living without sunlight · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Yoon, J., Lee, B., Yoo, K.-C., Kwak, M.-J., Song, H. J., Hwang, C. Y., Chung, Y., Kim, K., Kwon, S.-K., Song, J. Y., Yoon, H. S., & Kim, J. F. (2026). Novel Antarctic chemolithotroph drives iron biomineralization. Microbiome, 14(1), 225. https://doi.org/10.1186/s40168-026-02536-0
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