El clima explica mejor que la latitud cómo se especializan las redes de polinización
Un análisis mundial de relaciones entre flores y polinizadores halló que la temperatura y la lluvia explican mejor la especialización que la distancia al ecuador.
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Un análisis mundial de relaciones entre flores y polinizadores halló que la temperatura y la lluvia explican mejor la especialización que la distancia al ecuador.
Un estudio halló que una señal satelital ligada a la fotosíntesis puede advertir con unos dos años de anticipación qué bosques están entrando en una fase de estrés asociada a futuras muertes de árboles.
Un estudio propone que ondas lentas en el interior de la Tierra elevaron la Antártida Oriental lo suficiente como para que el hielo se instalara allí millones de años antes que en el Ártico.
Un equipo del MIT creó un método que genera tormentas, olas de calor o incendios plausibles aún cuando no existan antecedentes extremos comparables en los registros.
Datos de dos años de la misión PREFIRE muestran cómo cambian las temperaturas de la superficie polar y ayudan a medir una parte clave del calor que la Tierra pierde al espacio.
Un estudio halló zonas diminutas dentro de nubes cálidas donde las gotas de agua se agrupan mucho más de lo esperado, creando condiciones que podrían disparar la lluvia incluso sin intervención de cristales de hielo.
Un estudio con registros paleoclimáticos y modelos sugiere que los extremos de lluvia en Asia Central y las sequías intensas del sudeste asiático responden a un mismo mecanismo climático de gran escala.
Un estudio trazó por primera vez una red global de ríos atmosféricos y mostró que estas corrientes de vapor siguen corredores preferentes que ayudan a explicar lluvias extremas, sequías y deshielo polar.
Un estudio del experimento CLOUD de CERN sugiere que compuestos emitidos por el fitoplancton marino generan muchas más partículas atmosféricas de las estimadas, con posibles efectos sobre nubes y clima.
Observaciones satelitales de la NASA muestran que El Niño ya está activo y que el calor acumulado bajo la superficie del Pacífico siguió creciendo a comienzos de junio.
Un estudio con casi dos décadas de observaciones en el Atlántico Norte detectó una caída consistente en una parte importante de la circulación oceánica que ayuda a regular clima, lluvias y nivel del mar.
Modelos climáticos indican una alta probabilidad de que se forme un El Niño en 2026, aunque sigue habiendo incertidumbre sobre si alcanzará una intensidad extraordinaria.