Los modelos apuntan a un nuevo El Niño fuerte, pero todavía hay dudas sobre si será “súper”

Modelos climáticos indican una alta probabilidad de que se forme un El Niño en 2026, aunque sigue habiendo incertidumbre sobre si alcanzará una intensidad extraordinaria.

Por Redacción Ciencias.UY 15 de mayo de 2026 a las 00:40 5 min de lectura
Ilustración editorial original con el título “Los modelos apuntan a un nuevo El Niño fuerte, pero todavía hay dudas sobre si será “súper”” y una composición abstracta asociada a Clima Y Ambiente.
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Los modelos climáticos indican que hay una alta probabilidad de que se desarrolle un nuevo evento El Niño en 2026, pero todavía existe bastante incertidumbre sobre su intensidad máxima. En otras palabras: el fenómeno parece probable, pero aún es temprano para afirmar con seguridad si se convertirá en un episodio excepcionalmente fuerte.

El Niño es una oscilación climática asociada al calentamiento anómalo de aguas superficiales del Pacífico tropical central y oriental. Sus efectos pueden sentirse en muchas regiones del mundo mediante cambios en lluvias, sequías, inundaciones, temperaturas extremas y alteraciones en ecosistemas y producción agropecuaria.

Los eventos más intensos también pueden influir sobre la temperatura media global y agravar años especialmente cálidos.

Según una nota de Nature, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó el 14 de mayo una probabilidad de 82% de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio de 2026, y de 96% de que esté presente hacia diciembre.

Sin embargo, la misma fuente remarca que hay bastante más incertidumbre sobre cuán fuerte llegará a ser. NOAA estimó una probabilidad de 37% de que alcance la categoría de “muy fuerte”, asociada a anomalías superiores a 2 °C en el Pacífico tropical central y oriental.

La nota también menciona que otros modelos, como los del Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Plazo Medio, sugieren que esas anomalías podrían elevarse aún más hacia noviembre. Aún así, los investigadores citados advierten que la intensidad final dependerá de cómo evolucionen los vientos y otros factores atmosféricos en los próximos meses.

La importancia es clara: un El Niño fuerte puede reorganizar patrones climáticos a escala planetaria y traducirse en impactos concretos sobre incendios, sequías, inundaciones, seguridad alimentaria y temperaturas récord.

Además, la experiencia reciente mostró que estos eventos pueden amplificar situaciones ya tensas por el calentamiento global. Por eso, incluso una probabilidad moderada de un episodio muy fuerte ya merece atención científica y de planificación.

Los pronósticos estacionales tienen márgenes de incertidumbre importantes, especialmente cuando se intenta anticipar no solo la aparición del fenómeno, sino también su intensidad pico con varios meses de anticipación.

Por eso, aunque los modelos apuntan en una dirección clara, todavía no corresponde presentar el escenario de un “súper” El Niño como un hecho consumado.

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