Los bosques boreales del norte de Eurasia forman uno de los grandes sumideros naturales de carbono del planeta. Pero un nuevo estudio sugiere que su capacidad de absorber dióxido de carbono no depende tanto de que las regiones más frías se estén calentando más rápido, como suele suponerse, sino de algo más básico: cuán productivos son esos bosques para crecer y acumular biomasa.
El trabajo, publicado en Global Biogeochemical Cycles, reunió cuatro fuentes independientes de información para comparar cómo se distribuye ese sumidero en la región: datos derivados de satélites y aprendizaje automático, modelos de inversión atmosférica, modelos de vegetación global y modelos del sistema terrestre usados en proyecciones climáticas. A partir de ese cruce, los autores estimaron que entre 2001 y 2015 el norte de Eurasia absorbió en promedio unas 0,47 gigatoneladas de carbono por año, cerca de un tercio del sumidero terrestre global.
Lo más llamativo fue el patrón espacial. Los modelos y observaciones coincidieron en que las zonas más cálidas del sur concentran sumideros más fuertes, mientras que las regiones más frías del noreste aportan menos, aunque sean algunas de las que se calientan con mayor rapidez. La explicación propuesta es que el calentamiento por sí solo no alcanza para generar una gran captura adicional de carbono si la productividad inicial del ecosistema es baja.
Ese resultado matiza una idea extendida en la discusión climática: que el rápido aumento de temperatura en las altas latitudes necesariamente fortalecerá el papel de esos bosques como compensación natural frente a las emisiones humanas. Según el estudio, ese efecto existe, pero su contribución total sería limitada en las áreas donde los bosques parten de una actividad biológica relativamente baja. En cambio, importa más dónde los ecosistemas ya tienen condiciones para producir y almacenar más materia vegetal.
La conclusión también ayuda a leer con más cuidado el futuro de una región clave para el ciclo global del carbono. Si los bosques más productivos sostienen la mayor parte del sumidero, entonces incendios, sequías, cambios en el uso del suelo o degradación forestal en esas zonas pueden pesar mucho más de lo que sugeriría mirar solo los mapas de calentamiento. Al mismo tiempo, el acuerdo general entre varias metodologías da algo más de confianza a las proyecciones climáticas, aunque el propio trabajo reconoce que siguen existiendo diferencias regionales importantes entre modelos.
Como toda evaluación a gran escala, el estudio depende de combinar fuentes con supuestos y resoluciones distintas. Eso hace que persistan incertidumbres sobre cuánto carbono entra o sale de lugares concretos y cómo evolucionarán esos balances en décadas futuras. Aún así, el mensaje central es claro: para entender el papel de los bosques de Eurasia en el clima no basta con preguntar dónde sube más la temperatura; también hay que mirar dónde la vida vegetal realmente puede transformar ese cambio en mayor captura de carbono.
Forest productivity, not rapid warming, shapes Northern Eurasia's carbon sink · Phys.org
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Melnikova, I., Yokohata, T., Schepaschenko, D., Sitch, S., & Maksyutov, S. (2026). Land carbon sink distribution in Northern Eurasia is driven by climate change. Global Biogeochemical Cycles, 40(7), e2025GB008971. https://doi.org/10.1029/2025GB008971
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