El Niño ya dejó de ser solo una posibilidad en los modelos climáticos: ahora también aparece con claridad en las observaciones satelitales del Pacífico. Una nota de NASA Earth Observatory publicada el 18 de junio muestra que las mediciones de altura de la superficie del mar tomadas por el satélite Sentinel-6 Michael Freilich confirmaron que el evento seguía fortaleciéndose a comienzos de mes.
El fenómeno se asocia a temperaturas más cálidas de lo normal en partes del Pacífico ecuatorial, pero la señal que siguió la NASA no fue solo la temperatura superficial. Cuando el océano se calienta, el agua se expande y la superficie del mar sube. Por eso, las anomalías de altura del mar funcionan como una pista útil sobre cuánto calor se está acumulando, incluso debajo de la capa más superficial.
El mapa destacado por la agencia corresponde al 8 de junio de 2026 y muestra una franja de niveles del mar más altos de lo habitual en el Pacífico central y oriental. Pocos días después, el 11 de junio, la NOAA declaró oficialmente que El Niño ya se había formado, tras registrar durante varios meses temperaturas al menos 0,5 °C por encima del promedio en la región clave del Pacífico ecuatorial.
La relevancia de estas mediciones está en que ayudan a distinguir entre un calentamiento superficial pasajero y una reserva de calor más profunda, con mayor capacidad de influir sobre el clima de los meses siguientes. Según la explicación de la NASA, en la primavera de 2026 el satélite ya había detectado ondas de Kelvin, grandes pulsos de agua cálida que se desplazaron desde el Pacífico occidental hacia el oriental cuando los vientos alisios se debilitaron y por momentos cambiaron de dirección.
Ese proceso favorece que el agua cálida se acumule en el este, profundice la capa caliente cercana a la superficie y reduzca el afloramiento de aguas frías frente a las costas americanas. En conjunto, esas condiciones son parte del mecanismo que sostiene a El Niño y ayudan a explicar por qué el fenómeno puede alterar lluvias, sequías y temperaturas en distintas regiones del planeta. La propia NASA recuerda que este patrón suele asociarse con condiciones más húmedas en el suroeste de Estados Unidos y con sequía en partes del Pacífico occidental, como Indonesia y Australia.
La comparación con 1997, uno de los años más recordados por la intensidad del fenómeno, todavía exige cautela. La investigadora Séverine Fournier, del JPL, señaló que a comienzos de junio algunas condiciones en el Pacífico occidental se parecían a las de ese año, aunque el calentamiento en el Pacífico oriental venía más rezagado. También advirtió que nuevas ondas cálidas parecían acercarse y que harían falta más observaciones para saber hasta dónde llegará este episodio.
Esa incertidumbre importa porque muestra el valor y también el límite de la evidencia disponible. Las observaciones satelitales permiten ver que El Niño está activo y que sigue ganando fuerza, pero todavía no alcanzan para afirmar con seguridad si 2026 terminará siendo un evento excepcionalmente intenso. En otras palabras, el fenómeno ya está en marcha; lo que aún se está definiendo es su magnitud final.
NASA Science · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
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