El océano no solo regula el clima porque absorbe calor y dióxido de carbono. También libera compuestos que ayudan a formar partículas diminutas en la atmósfera, y esas partículas pueden terminar influyendo en las nubes. Un nuevo estudio del experimento CLOUD, en CERN, sostiene que una de esas rutas naturales es mucho más importante de lo que se creía: las emisiones asociadas al fitoplancton marino podrían generar grandes cantidades de aerosoles capaces de actuar como semillas para gotas de nube.
La clave del trabajo está en una molécula llamada ácido metanosulfónico, que se produce cuando se transforman en la atmósfera ciertos gases liberados por organismos marinos. Hasta ahora, ese compuesto no ocupaba un lugar central en muchos modelos sobre formación de partículas atmosféricas. Pero los investigadores encontraron evidencias de que puede intervenir de manera decisiva tanto en el nacimiento como en el crecimiento de nuevas partículas en aire marino relativamente limpio.
Para llegar a esa conclusión, el equipo usó el experimento CLOUD, una instalación diseñada para recrear condiciones atmosféricas con gran control de temperatura, humedad y composición química. Allí analizaron cómo distintos vapores marinos interactúan para formar partículas suficientemente grandes como para convertirse en núcleos de condensación de nubes. Esos núcleos son importantes porque sobre ellos se agrupa el vapor de agua que termina formando gotas.
Según los autores, este mecanismo podría ayudar a explicar por qué en regiones oceánicas remotas se observan más partículas aptas para formar nubes de las que predecían algunas estimaciones anteriores. Si esa contribución natural estaba subestimada, también podría afectar cómo se reconstruye el clima de épocas previas a la industrialización y cómo se compara con el clima actual, mucho más alterado por emisiones humanas.
La relevancia del hallazgo no está solo en un detalle químico. Las nubes siguen siendo una de las mayores fuentes de incertidumbre en los modelos climáticos, porque pueden enfriar o calentar según su altura, grosor, extensión y tamaño de gota. Entender mejor cuántas partículas naturales provienen del océano ayuda a separar con más precisión qué parte de los cambios observados corresponde a procesos naturales y cuál a la actividad humana.
Eso no significa que el estudio cambie por sí solo las conclusiones básicas sobre calentamiento global ni que reduzca la responsabilidad de las emisiones de combustibles fósiles. Lo que aporta es una pieza más fina del rompecabezas: una mejor descripción de cómo funciona la atmósfera marina en condiciones prístinas y de qué manera ese fondo natural puede modificar la respuesta de las nubes.
Como toda investigación de este tipo, también tiene límites. El trabajo combina experimentos controlados y modelado, no una medición directa de toda la atmósfera oceánica global. Por eso, el paso siguiente será comprobar cuánto pesa este mecanismo en distintas regiones y estaciones, y cómo interactúa con otros procesos químicos y físicos del aire real.
Aún así, el estudio deja una idea poderosa: organismos microscópicos del océano pueden influir en el clima no solo por su papel en los ciclos biogeoquímicos, sino también por su capacidad de ayudar a fabricar las partículas sobre las que nacen las nubes.
CLOUD experiment uncovers a major new source of marine aerosol particles · CERN
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Baalbaki, R., Shen, J., Simon, M., Klebach, H., Ruhl, S., DeVivo, J., Wang, M., Scholz, W., Dada, L., Rörup, B., Stolzenburg, D., Manninen, H. E., Sommer, E., Caudillo-Plath, L., Marie, G., Friedrich, M., Yu, W., Leiminger, M., Alfaouri, D., ... He, X.-C. (2026). Role of methanesulfonic acid in atmospheric particle nucleation and growth. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10810-2
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