En ratas, la oscuridad volvió más distinguibles las señales cerebrales del tacto

Un experimento con ratas halló que, en oscuridad, las señales de la corteza cerebral asociadas a texturas lisas y rugosas resultaron más fáciles de diferenciar.

Por Redacción Ciencias.UY 21 de setiembre de 2026 a las 20:45 3 min de lectura
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Una rata camina sobre una superficie oscura, en una representación relacionada con el estudio sobre tacto y falta de luz.

Cuando falta la vista, el cerebro no deja de recibir información: puede reorganizar cómo procesa lo que llega por otros sentidos. Un experimento con ratas encontró que las señales cerebrales vinculadas a dos texturas de piso fueron más distinguibles en oscuridad que con luz. El resultado no demuestra que las ratas, ni mucho menos las personas, desarrollen de inmediato un tacto superior; muestra un cambio medible en la forma en que el cerebro representa esa información.

El equipo entrenó a 11 ratas para caminar sobre una cinta circular cuya superficie alternaba entre dos lijas, una más rugosa y otra más lisa. Mientras los animales caminaban, los investigadores registraron la actividad eléctrica colectiva de la corteza somatosensorial primaria, la zona que procesa buena parte de la información que llega desde el cuerpo. Cada sesión incluyó pruebas con luz y en oscuridad total, y también se siguió el movimiento de las patas para comprobar que el cambio de iluminación no alterara de forma apreciable la marcha.

Las mediciones habituales, basadas en la intensidad promedio de la señal eléctrica, no revelaron diferencias claras entre las texturas ni entre las condiciones de iluminación. Por eso los autores usaron un modelo de aprendizaje automático para buscar patrones distribuidos en los registros. El modelo pudo distinguir por encima del azar tanto el tipo de superficie como si la prueba se había realizado con luz o a oscuras.

Al comparar las representaciones internas que el modelo obtenía de esas señales, las correspondientes a la lija lisa y a la rugosa quedaron más separadas en oscuridad. En el análisis principal, realizado con datos de nueve ratas después de ajustar el modelo con las dos restantes, esa diferencia fue estadísticamente significativa. Los electrodos situados en la región cerebral asociada a las patas delanteras aportaron más información, algo coherente con que el contacto de esas patas con el piso marcaba el inicio de cada registro analizado.

El estudio ayuda a poner a prueba una idea conocida: los sentidos no operan como canales aislados. Al cambiar el contexto visual, también puede cambiar la manera en que el sistema nervioso organiza las señales táctiles. Este tipo de experimentos permite observar esos ajustes en escalas de tiempo cortas y con una resolución que no se obtiene al mirar solo promedios de actividad cerebral.

Quedan preguntas importantes. Las ratas no fueron evaluadas para establecer si distinguían las texturas mejor en la oscuridad; la evidencia se refiere a la separabilidad de las señales registradas. Además, las pruebas se realizaron con pocos animales y en una tarea muy específica. El orden de las sesiones, el estado de alerta o la motivación pueden influir en la actividad cerebral, y los propios autores señalan que futuras investigaciones deberán separarlos con mayor precisión. Tampoco puede asumirse que el mismo patrón ocurra en personas o que explique por sí solo los cambios táctiles después de una privación visual.

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DOI del paper

10.7554/eLife.106554.3

Cita original

Yamashiro, K., Tanaka, S., Matsumoto, N., & Ikegaya, Y. (2026). Enhanced tactile coding in rat neocortex under darkness. eLife, 14, RP106554. https://doi.org/10.7554/eLife.106554.3

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