Cambios en la corteza cerebral aparecieron años antes del amiloide detectable

Un seguimiento con resonancias y PET detectó cambios sutiles en la corteza de personas que más tarde acumularon amiloide, sin que eso constituya un diagnóstico individual.

Por Redacción Ciencias.UY 21 de setiembre de 2026 a las 19:45 3 min de lectura
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Imágenes de resonancia magnética cerebral usadas para estudiar cambios en el grosor de la corteza

Una resonancia magnética puede registrar cambios sutiles en la corteza cerebral años antes de que otra técnica detecte una carga elevada de amiloide beta, una proteína vinculada al alzhéimer. Eso es lo que sugiere un seguimiento de personas sin dificultades cognitivas: quienes más adelante alcanzaron el umbral de amiloide alto mostraban una corteza relativamente más gruesa y un adelgazamiento menor que quienes no lo alcanzaron.

La corteza es la capa externa del cerebro y su grosor cambia a lo largo de la vida. El estudio no encontró una prueba sencilla para anticipar el alzhéimer en cada persona, sino una diferencia de trayectoria entre grupos. La señal llegó a observarse en resonancias obtenidas hasta siete años antes de que las tomografías por emisión de positrones, o PET, indicaran amiloide elevado.

Para reconstruir esa cronología, el equipo combinó resonancias repetidas con PET para amiloide en tres cohortes de participantes que estaban cognitivamente sanos al comenzar. Comparó las imágenes de quienes posteriormente pasaron a tener un resultado alto de amiloide con las de quienes no lo hicieron. Además de observar una corteza relativamente más gruesa, los autores hallaron que parte de esas diferencias se mantenía al considerar la cantidad de amiloide medida, una pista de que los cambios tempranos no se explican por completo por esa proteína.

El resultado cuestiona una secuencia demasiado lineal de los cambios cerebrales asociados con el alzhéimer. Que el amiloide alcance un nivel detectable no necesariamente marca el primer cambio que puede verse con imágenes. Sin embargo, una relación temporal no demuestra que el grosor cortical cause la acumulación de amiloide ni que anuncie por sí solo síntomas futuros.

También importa distinguir entre una observación de investigación y una herramienta clínica. Las diferencias se calcularon al comparar grupos y dependen de seguimientos prolongados, equipos de imagen y análisis estadísticos. Antes de que una resonancia pueda utilizarse para estimar el riesgo de una persona o decidir un tratamiento, habría que comprobar su desempeño en poblaciones más amplias y diversas, y establecer qué información adicional aporta frente a las evaluaciones ya disponibles.

El trabajo ayuda a estudiar una fase temprana de la enfermedad en la que todavía no hay deterioro cognitivo evidente. Comprender mejor cuándo aparecen distintas señales cerebrales podría afinar los estudios sobre prevención y sobre intervenciones tempranas, pero no cambia por ahora cómo se diagnostica el alzhéimer en la práctica clínica.

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Cita original

Roe, J. M., Jagust, W. J., Landau, S. M., Harrison, T. M., Grydeland, H., Slivka, M., Alatorre-Warren, J.-L., Garrido, P. F., Sørensen, Ø., Grødem, E. O. S., Ward, T. J., Leonardsen, E. H., Murphy, A., Lee, J., Fladby, T., Bjørnerud, A., Walhovd, K. B., Fjell, A. M., Vidal-Piñeiro, D., & Wang, Y. (2026). Cortical thickness changes precede high levels of amyloid by at least 7 years. Nature Neuroscience, 29(9), 2164–2175. https://doi.org/10.1038/s41593-026-02363-4

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