Cuando la fruta escasea, algunos monos capuchinos no se resignan a pasar hambre: aumentan la caza de pequeños vertebrados. Un estudio publicado en PLOS One siguió durante 45 meses a dos grupos de capuchinos barbudos del nordeste de Brasil y encontró que lagartos, serpientes, aves, roedores y otros animales pequeños pasan a ocupar un lugar más importante en la dieta cuando disminuyen los recursos vegetales más abundantes.
La investigación reunió el registro más amplio hasta ahora sobre este comportamiento en Sapajus libidinosus. El equipo observó ataques y consumo de presas en la Fazenda Boa Vista, una zona semiárida donde estos primates también son conocidos por usar piedras y varillas como herramientas. Con modelos estadísticos, los autores compararon las tasas de depredación con variables como edad, sexo, lluvias, temperatura, humedad, disponibilidad de fruta e insectos y presencia de alimento aportado por humanos.
El patrón más claro apareció en los momentos de menor oferta de fruta. En esas etapas, la caza de pequeños vertebrados aumentó, lo que sugiere que esta fuente de alimento funciona como un refuerzo energético cuando la dieta basada en plantas se vuelve menos favorable. El trabajo también encontró que los machos cazaban más que las hembras y que los adultos lo hacían más que las crías, una diferencia que probablemente combina fuerza, experiencia y acceso desigual a oportunidades de captura.
Otro resultado relevante es que los capuchinos no comen esas presas de cualquier manera. Según los autores, suelen acceder primero al cerebro y a las vísceras, partes especialmente ricas en energía y nutrientes. Ese detalle importa porque ayuda a pensar no solo qué comen estos primates, sino qué tipo de beneficio obtienen cuando incorporan carne en cantidades pequeñas pero estratégicas.
Los investigadores proponen que este comportamiento puede servir como modelo para discutir una pregunta mucho más amplia: cómo el consumo ocasional de pequeños vertebrados pudo haber funcionado como una etapa previa en la historia evolutiva de los homininos antes de la explotación sistemática de animales más grandes. La comparación no implica que los capuchinos reproduzcan el camino humano, pero sí ofrece un ejemplo vivo de cómo una dieta flexible puede amortiguar temporadas difíciles sin depender de grandes presas.
El estudio también mostró que la provisión de alimento por parte de personas reduce la depredación. Eso refuerza una advertencia importante: observar primates en ambientes donde reciben comida humana puede distorsionar comportamientos que, en condiciones más naturales, cumplen una función ecológica y nutricional concreta. En otras palabras, la caza no sería una rareza llamativa, sino una parte habitual de su repertorio cuando el ambiente aprieta.
Como toda investigación observacional de campo, esta tiene límites. Los datos provienen de una población y un paisaje específicos, de modo que no se puede asumir que todos los capuchinos responden igual en otras regiones. Además, registrar eventos de depredación en animales móviles siempre deja margen para subestimar capturas que ocurren fuera de la vista de los observadores. Aún así, la serie temporal extensa y el análisis conjunto de clima, alimento y demografía convierten al trabajo en una base sólida para entender mejor por qué algunos primates cazan y cuándo esa conducta se vuelve más importante.
Monkeys hunt small animals when fruit is scarce · Science News
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Carvalho, S., Spagnoletti, N., d’Oliveira Coelho, J., Beardmore-Herd, M., Mendonça-Furtado, O., Verderane, M., Prieto, J., Cavallaro, D. I., Izar, P., & Visalberghi, E. (2026). Small vertebrate consumption by capuchin monkeys (Sapajus libidinosus): Insights into the human predatory pattern. PLOS ONE, 21(8), e0355204. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0355204
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