Los deslizamientos no afectan a todas las personas por igual. Un estudio nacional sobre riesgo geológico en Estados Unidos encontró que millones de personas viven en áreas muy expuestas, pero esa carga se concentra sobre todo en comunidades rurales con menos recursos, donde mudarse, reforzar una vivienda o financiar obras de protección suele ser mucho más difícil.
El trabajo, publicado en Earth’s Future, combinó mapas de susceptibilidad a deslizamientos con inventarios de edificios y datos socioeconómicos para analizar 128 millones de estructuras en todo el país. La idea no fue solo identificar dónde es más probable que ocurra un deslizamiento, sino también quién vive en esos lugares y con qué margen de respuesta cuenta. Ese cruce permitió construir una base nacional de exposición que, según los autores, no existía hasta ahora con ese nivel de detalle.
Los resultados muestran que al menos 6,5 millones de personas viven en zonas de alto riesgo, una estimación que los propios investigadores consideran conservadora. Aunque esas áreas representan cerca de una quinta parte de la superficie terrestre del país, concentran apenas el 2 por ciento de la población total, lo que indica que la exposición depende tanto de la geografía física como de la forma en que se distribuyen los asentamientos humanos. El mayor peso aparece en dos grandes regiones: los Apalaches y los sistemas montañosos del Pacífico, que juntos reúnen el 78 por ciento de la población con alta exposición.
La diferencia más marcada surge entre áreas urbanas y rurales. En zonas urbanas con laderas inestables, como partes de Los Ángeles o Seattle, muchas personas expuestas tienen más acceso a seguros, soluciones de ingeniería o capacidad económica para mudarse o reconstruir. En cambio, en Appalachia el riesgo se combina con pobreza y pocas alternativas de asentamiento. Allí viven al menos 3,6 millones de personas en áreas propensas a deslizamientos, equivalentes al 55 por ciento del total nacional expuesto, y en Virginia Occidental la proporción alcanza cerca del 20 por ciento de la población, frente a un promedio nacional de 2 por ciento.
Ese contraste importa porque cambia la forma de pensar la prevención. Un mapa de riesgo no sirve solo para señalar pendientes peligrosas: también puede orientar dónde conviene priorizar alertas, obras, monitoreo y asistencia pública. El estudio sugiere que no alcanza con una estrategia única para todo el país. Los autores identifican varios contextos distintos de intervención, desde ciudades ricas con infraestructura crítica hasta comunidades rurales donde la topografía limita las opciones y la vulnerabilidad social multiplica el daño potencial.
El trabajo también tiene límites. Se basa en estimaciones nacionales y en categorías de susceptibilidad, no en la predicción exacta de cuándo ocurrirá un deslizamiento en un sitio concreto. Además, los autores advierten que 6,5 millones probablemente sea un piso y no un techo, porque sumar zonas de riesgo medio eleva la cifra en varios millones más. Aún así, el estudio deja una idea clara: frente a un peligro geológico que puede agravarse con lluvias extremas y cambios en el uso del suelo, entender quién está más expuesto es tan importante como mapear dónde está la amenaza.
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Acosta-Reyes, D., Wartman, J., & Kaminsky, J. (2026). Landslide Exposure in the United States. Earth's Future, 14(7), e2026EF008622. https://doi.org/10.1029/2026EF008622
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