Una formulación guiada por IA vuelve más estables las vacunas de ARN fuera de la cadena de frío

Un equipo del MIT desarrolló formulaciones de nanopartículas para vacunas de ARN que conservaron actividad tras meses a 37 °C en estudios preclínicos.

Por Redacción Ciencias.UY 28 de setiembre de 2026 a las 10:45 4 min de lectura
Imagen: MIT News | Massachusetts Institute of Technology Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Vial rotulado como vacuna contra la COVID-19 sostenido con guantes azules

Las vacunas de ARN mensajero demostraron durante la pandemia que pueden diseñarse y producirse con rapidez, pero su conservación sigue siendo una dificultad importante. El ARN es una molécula frágil: si se degrada, deja de llevar a las células la instrucción necesaria para fabricar el antígeno que entrena al sistema inmunitario. Por eso muchas de estas vacunas requieren transporte y almacenamiento a temperaturas muy bajas, una exigencia que complica su distribución allí donde faltan equipos de refrigeración.

Un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) presentó ahora una forma de hacer más resistentes al calor las partículas que transportan ese ARN. En vez de cambiar la instrucción genética de una vacuna, los investigadores modificaron su envoltorio: las nanopartículas lipídicas, diminutas cápsulas hechas con grasas que protegen el ARN y ayudan a que entre en las células. El trabajo, publicado en Nature Biotechnology, combinó experimentos de laboratorio con un sistema de inteligencia artificial para buscar, entre muchas combinaciones posibles, las formulaciones más estables.

La estrategia se centró en sustancias auxiliares ya aprobadas para uso farmacéutico, como azúcares, sales o polímeros. Estas sustancias pueden alterar cuánto resiste una nanopartícula el secado y el calor. Probar todas las proporciones posibles llevaría mucho tiempo; por eso el grupo comenzó con mediciones de cerca de 50 candidatos y usó optimización bayesiana, un método que propone el siguiente experimento a partir de los resultados anteriores. Según los autores, bastaron varias rondas de pruebas en células para identificar una combinación prometedora, en lugar de recorrer a ciegas un espacio enorme de opciones.

Para medir si el ARN seguía funcionando, las partículas entregaron a células una instrucción que produce luz. La intensidad de esa señal permitió estimar cuánta actividad biológica quedaba después del almacenamiento. Las formulaciones seleccionadas se secaron al vacío, una forma de retirar el agua y mantenerlas en estado sólido, y luego se probaron con ARN que codificaba antígenos del SARS-CoV-2.

Los resultados fueron alentadores en el ámbito preclínico. Las partículas conservaron el 100 % de su actividad biológica después de más de dos meses a 37 °C, una temperatura cercana a la corporal. El comunicado del MIT también informa estabilidad durante hasta un año a temperatura ambiente. En ratones, las formulaciones sólidas termoestables indujeron respuestas inmunitarias frente al antígeno comparables a las producidas por vacunas de ARN transportadas en nanopartículas lipídicas similares a las de la formulación original de Moderna.

El hallazgo importa porque la cadena de frío no es un detalle de logística: puede definir dónde y cuándo llega una vacuna. Mantener una vacuna entre -20 y -80 °C requiere congeladores, energía continua, transporte especializado y controles a lo largo de todo el recorrido. Una formulación más tolerante al calor podría reducir parte de esa fragilidad y facilitar el despliegue de futuras vacunas de ARN. También abre posibilidades para presentaciones que hoy son difíciles de conservar, como parches con microagujas que se disuelven en la piel.

La inteligencia artificial tampoco reemplazó la etapa experimental. Su función fue priorizar qué combinaciones convenía ensayar, a partir de pocos datos. Esa puede ser una ventaja en formulación farmacéutica, donde pequeñas variaciones en los ingredientes o sus proporciones producen resultados muy distintos. El mismo enfoque se aplicó a partículas parecidas a las usadas para transportar ARN en las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech, aunque cada plataforma necesita comprobar por separado que mantiene estabilidad y desempeño.

Todavía no se trata de una vacuna termoestable disponible para la población. Los ensayos descritos evaluaron actividad y respuesta inmunitaria en células y animales; no demuestran seguridad, eficacia clínica ni duración de la protección en personas. Además, la estabilidad de un producto final depende de su ARN específico, de la formulación completa, del envase y de las condiciones reales de fabricación y transporte. La siguiente pregunta será si estas formulaciones mantienen sus ventajas al escalar la producción y al pasar por ensayos clínicos. Incluso con esos límites, el estudio muestra que resolver cómo conservar una vacuna puede ser tan decisivo como diseñar la instrucción biológica que contiene.

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Cita original

Tian, J., Tran, K. T. M., Pogostin, B. H., Sheridan, O., Mursalova, S., Lee, A. H., Liu, S., Hamkins, J., Antov, D., Power, A. L., Dash, Z. S., Yun, D., Konaković Luković, M., Langer, R. S., & Jaklenec, A. (2026). Accelerated discovery of thermostable mRNA–lipid nanoparticle vaccines using data-efficient AI. Nature Biotechnology. https://doi.org/10.1038/s41587-026-03331-w

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