Una sequía extrema pudo ayudar a empujar la fiebre amarilla hacia ciudades de Brasil

Un modelo basado en el brote brasileño de 2016-2019 sugiere que una sequía excepcional pudo acercar monos y mosquitos portadores del virus a zonas urbanas y facilitar la transmisión.

Por Redacción Ciencias.UY 15 de agosto de 2026 a las 09:45 4 min de lectura
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Pequeños monos posados sobre cables en una zona urbana de Brasil, una imagen usada para ilustrar cómo la sequía pudo acercar animales silvestres y mosquitos portadores del virus a las ciudades.

La falta de agua también puede empujar enfermedades. Un estudio sobre el gran brote de fiebre amarilla que afectó a Brasil entre 2016 y 2019 plantea que una sequía extrema ocurrida un año antes pudo haber acercado a monos y mosquitos portadores del virus a zonas urbanas, creando una combinación poco habitual que favoreció la transmisión.

La fiebre amarilla suele asociarse con dos circuitos distintos. Uno ocurre en ciudades y tiene como vector más conocido al mosquito Aedes aegypti. El otro se mantiene en ambientes selváticos, donde distintos mosquitos transmiten el virus entre primates no humanos. Lo llamativo del episodio brasileño es que la expansión no encajó del todo con el patrón urbano clásico y coincidió con una sequía inusualmente intensa, impulsada por El Niño, en el centro de Sudamérica.

Para explorar esa coincidencia, los investigadores reunieron datos sobre mortalidad de primates, casos humanos y condiciones de sequía, y construyeron simulaciones para probar distintos escenarios. El modelo funcionó mejor cuando combinó dos cambios de comportamiento provocados por la escasez de agua: primates infectados desplazándose hacia áreas urbanas en busca de recursos y mosquitos del bosque picando con más frecuencia. Esa combinación fue la que más se pareció a lo que ocurrió en Minas Gerais, el estado donde comenzó el brote.

El contexto ayuda a entender por qué importa. Durante ese episodio, más de 2.000 personas enfermaron y casi 750 murieron, en lo que fue el primer brote urbano de fiebre amarilla en Brasil en décadas. El trabajo no sostiene que la sequía haya actuado sola, pero sí la presenta como una chispa capaz de amplificar un escenario que ya incluía otros ingredientes de riesgo, como vacunación insuficiente, cambios ambientales y la cercanía entre áreas boscosas y ciudades.

La conclusión también matiza una idea extendida sobre los mosquitos: no solo las lluvias abundantes pueden aumentar el riesgo de ciertas infecciones. En algunos contextos, la escasez de agua puede concentrar animales y vectores en los mismos puntos y alterar cuánto se mueven o cuánto pican. Si el calentamiento global vuelve más frecuentes las sequías extremas en esta región, mecanismos como este podrían ganar relevancia para anticipar nuevos brotes.

Eso no significa que el estudio cierre el caso. Se basa en simulaciones, no en una observación directa de cada desplazamiento animal o de cada cambio en la conducta de los mosquitos, y los propios autores señalan que hacen falta más datos de campo para poner a prueba sus predicciones. Aún así, el resultado ofrece una pista concreta sobre cómo un evento climático extremo puede cambiar la ecología de un virus y transformar un problema forestal en una amenaza mucho más cercana a la vida urbana.

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DOI del paper

10.1126/sciadv.adz6832

Cita original

Caldwell, J. M., Grenfell, B., Vecchi, G., & Rosser, J. I. (2026). Drought dynamics explain once in a century yellow fever virus outbreak in Brazil with implications for climate change. Science Advances, 12(33), eadz6832. https://doi.org/10.1126/sciadv.adz6832

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