Cuando entendemos una frase, el cerebro no depende solo de unas pocas zonas clásicas como el área de Broca o regiones del lóbulo temporal. Un estudio con 772 personas sugiere que la red dedicada al lenguaje es más amplia de lo que se creía e incluye al menos 17 áreas adicionales repartidas por distintas partes del encéfalo, entre ellas sectores del hipocampo, la corteza medial frontal, los polos temporales y el cerebelo.
El hallazgo importa porque corrige una imagen muy instalada en neurociencia y en divulgación: la idea de que el lenguaje vive casi por completo en un pequeño circuito del hemisferio izquierdo. El nuevo trabajo no dice que “todo el cerebro” procese lenguaje, sino algo más preciso. Según los autores, existe una red extendida de áreas que responden de forma consistente al lenguaje, pero aún así ocupa menos del 5 % del volumen total de materia gris. En otras palabras, el sistema sería más distribuido de lo que mostraban los mapas clásicos, aunque sigue siendo bastante selectivo.
Para llegar a esa conclusión, el equipo analizó datos de resonancia magnética funcional de 772 participantes mientras realizaban una tarea ya validada para aislar el procesamiento del lenguaje de otras demandas mentales. Los voluntarios escuchaban o leían material lingüístico y los investigadores comparaban esa actividad con la provocada por tareas no lingüísticas más exigentes. Ese diseño buscaba evitar un problema frecuente en este campo: atribuir al lenguaje activaciones que en realidad pueden deberse a memoria, atención, percepción o control motor.
El análisis confirmó que muchas áreas fuera del núcleo frontotemporal tradicional también se activan de manera fiable cuando una persona procesa lenguaje. La mayoría mostró además una respuesta más fuerte al lenguaje que a una tarea difícil no lingüística, lo que refuerza la idea de que no se trata solo de regiones que se encienden porque el cerebro está haciendo algo complicado en general. Entre esas áreas aparecieron regiones cercanas a los polos temporales, sectores de la corteza frontal medial, partes del hipocampo y zonas del cerebelo, una estructura más conocida por su papel en la coordinación del movimiento.
La presencia del hipocampo y del cerebelo vuelve especialmente interesante el resultado. El primero suele asociarse a la memoria, y el segundo al control motor y al aprendizaje de secuencias. Que ambos aparezcan dentro de una red extendida del lenguaje no significa que hagan lo mismo que las áreas clásicas del habla y la comprensión, pero sí sugiere que participarían en aspectos hasta ahora poco definidos, como integrar contexto, sostener información relevante o coordinar operaciones complejas durante la comprensión.
También conviene leer el estudio con cautela. La resonancia funcional permite detectar patrones de actividad asociados a una tarea, pero no muestra por sí sola qué cálculo exacto realiza cada región ni prueba que todas sean indispensables para entender o producir lenguaje. Además, el trabajo identifica áreas candidatas y demuestra su selectividad relativa, pero deja abierta la pregunta central: cuál es la contribución específica de cada una y en qué se diferencia del núcleo clásico de la red lingüística.
Aún con esas limitaciones, el estudio ofrece una base más firme para repensar cómo el cerebro organiza una capacidad tan cotidiana como hablar, leer o escuchar. Si futuras investigaciones logran precisar qué hace cada una de estas áreas y cómo interactúan entre sí, el mapa del lenguaje podría volverse no solo más completo, sino también más útil para entender trastornos como la afasia y para diseñar estrategias de rehabilitación más afinadas.
The brain's language network is more extensive than previously thought · MIT News Research
MIT News | Massachusetts Institute of Technology · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Wolna, A., Wright, A., Casto, C., Hutchinson, S., Lipkin, B., & Fedorenko, E. (2026). The extended language network: Language-responsive brain areas whose contributions to language remain to be discovered. The Journal of Neuroscience, e0638252026. https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.0638-25.2026
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