La práctica moldea la diferencia entre la mano dominante y la no dominante

Un estudio en PNAS sugiere que la ventaja de la mano dominante no nace de una mitad del cerebro “mejor”, sino de años de práctica con movimientos complejos y uso de herramientas.

Por Redacción Ciencias.UY 13 de julio de 2026 a las 15:45 4 min de lectura
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Brazos de una persona escribiendo la cifra 8 con la mano izquierda y la derecha, con un trazo más fluido en uno de los lados.

Ser zurdo o diestro suele sentirse como un rasgo básico de la identidad, casi como si una mitad del cuerpo hubiera nacido mejor preparada que la otra. Un estudio reciente propone una explicación menos intuitiva. La ventaja de la mano dominante no parecería surgir de una superioridad innata de un hemisferio cerebral, sino de algo más acumulativo: años de práctica con tareas que exigen movimientos complejos, sobre todo cuando intervienen herramientas u objetos.

El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), separa dos ideas que a menudo se mezclan bajo la palabra “lateralidad”. Una es la preferencia temprana por un lado del cuerpo, que ya se detecta antes del nacimiento y probablemente tiene raíces biológicas. Otra, distinta, es la diferencia de destreza entre un brazo y el otro. La pregunta de los investigadores era si esa ventaja práctica aparece porque el lado dominante trae un control motor mejor desde el inicio o porque la experiencia lo fue afinando con el tiempo.

Para poner a prueba esas posibilidades, el equipo comparó cómo se movían ambos brazos en tareas de alcance en tres dimensiones. En los movimientos más simples, o incluso cuando añadían peso a la muñeca, no apareció una superioridad general del brazo dominante. La diferencia surgió con más claridad cuando la tarea exigía manejar una especie de extensión rígida del brazo, como un pequeño palo fijado al antebrazo, que obligaba a controlar trayectorias curvas menos familiares. Ahí el lado no dominante mostró más dificultades.

La prueba más llamativa llegó con un experimento todavía más extraño: hacer que personas escribieran con un bolígrafo atado al codo. En ese caso, ni el codo dominante ni el no dominante mostraron una ventaja clara al comienzo. Ambos eran torpes, como cabría esperar de un movimiento poco practicado. Pero después de unas horas de entrenamiento, los dos mejoraron por igual. Ese resultado sugiere que la ventaja habitual de la mano dominante no es una propiedad fija del sistema motor entero, sino una habilidad construida en tareas específicas que se perfeccionan a fuerza de repetición.

La conclusión importa porque cambia la manera de pensar un fenómeno muy cotidiano. Si la destreza dominante depende sobre todo de aprendizaje acumulado, entonces la asimetría corporal que vemos todos los días no sería simplemente una marca biológica rígida. Sería también una huella de la relación entre cerebro, cuerpo y cultura material: escribir, usar cubiertos, lanzar objetos, manipular herramientas. En vez de tratar la dominancia como un rasgo completamente dado, el estudio la presenta como algo que emerge de la práctica sostenida sobre un lado preferido.

Esa idea también puede ser útil para entender la recuperación motora después de lesiones neurológicas, aunque el trabajo no prueba todavía una aplicación clínica directa. Si parte de la diferencia entre lados depende de experiencia específica, entonces ciertas capacidades podrían ser más maleables de lo que parecía. De todos modos, conviene no exagerar el alcance del hallazgo. El estudio trabajó con grupos pequeños y en su mayoría formados por personas diestras, además de usar tareas muy controladas de laboratorio. Aún así, deja una propuesta fuerte: la mano dominante no sería la mejor porque nació así, sino porque la vida cotidiana le dio más oportunidades para volverse mejor.

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DOI del paper

10.1073/pnas.2601569123

Cita original

Arac, A., Lee, N. Y. H. J., & Krakauer, J. W. (2026). Arm dominance is an emergent effect of practice executing complex trajectory shapes required by tools and objects. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(27), e2601569123. https://doi.org/10.1073/pnas.2601569123

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