Un ave que vuelve a su nido después de buscar alimento puede recorrer cientos de kilómetros sobre el océano. Para mantener el rumbo, la posición del Sol le ofrece una referencia, pero esa referencia cambia a lo largo del día. Un estudio con datos de GPS muestra que, cuando esos vuelos avanzan con rapidez de oeste a este o a la inversa, el reloj interno de las aves puede quedar temporalmente desfasado respecto de la hora solar local. El resultado son pequeños errores de dirección comparables, en cierto sentido, al desfase horario que experimentan las personas al cruzar husos horarios.
La investigación siguió durante dos décadas a 1.045 pardelas pichonetas (Puffinus puffinus), aves marinas que crían en islas de las costas occidentales de Reino Unido e Irlanda. Los dispositivos registraron 3.688 viajes de alimentación; el equipo se concentró en 1.837 trayectos continuos de regreso a las colonias. Algunas aves habían viajado hasta unos 1.000 kilómetros mar adentro antes de emprender el retorno.
La lógica del trabajo es sencilla, aunque ponerla a prueba en animales libres no lo es. Para interpretar dónde está el Sol, una brújula solar necesita un reloj interno que indique la hora. Si el ave avanza hacia el este, llega a un lugar donde el amanecer ocurrió antes; su reloj puede ir retrasado respecto de la luz local. Los investigadores calcularon qué desviación de rumbo produciría esa diferencia y compararon la predicción con las posiciones medidas por GPS.
Las desviaciones observadas coincidieron con lo esperado: alcanzaron hasta 15 grados y seguían el sentido previsto por el desfase del reloj. El patrón también apareció cerca de la costa, donde las aves podían disponer de referencias visuales. Eso sugiere que no abandonan la información del Sol cuando aparece otra pista, sino que combinan distintas señales para orientarse.
El efecto no significó que las pardelas se perdieran ni les impidió regresar. Los autores estiman que, si una ave que vuelve desde 1.000 kilómetros corrige su trayectoria de manera continua, un error medio de siete grados podría añadir alrededor de cinco kilómetros al viaje para acercarse a cinco kilómetros de su colonia. Es una diferencia pequeña en ese contexto, pero suficiente para detectar cómo participa el reloj interno en la navegación.
El trabajo aporta una forma de estudiar procesos de orientación que suelen ser difíciles de observar en la naturaleza: en lugar de alterar experimentalmente el reloj de un animal, aprovecha los cambios de longitud que ocurren durante sus propios desplazamientos. No permite concluir que todas las aves migratorias sufran las mismas consecuencias ni demuestra efectos sobre su salud o supervivencia. Aún así, muestra que la navegación de estas aves no depende de una sola guía infalible: su capacidad de volver surge de integrar el Sol, el paisaje y otras referencias mientras el entorno cambia bajo sus alas.
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Lewin, P., Wynn, J., Morford, J., Padget, O., Lancaster-Reeves, L., Siddiqi-Davies, K., Bailey, H., Bond, S., Davis, M., Dean, B., Fayet, A. L., Freeman, R., Gillies, N., Harris, S. M., Jaggers, P., Kirk, H., Maurice, L., Morgan, E., Nisbet, C., ... Guilford, T. (2026). Rapid longitudinal flights cause time shifts and sun compass error. Science, 394(6823), 520–524. https://doi.org/10.1126/science.adz2542
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