Las vacas no producen metano por sí solas: detrás de sus eructos trabaja una comunidad compleja de microbios que vive en el rumen, la gran cámara de fermentación de su aparato digestivo. Un estudio publicado en Science describe ahora una pieza inesperada de ese sistema: un orgánulo no identificado antes dentro de ciertos ciliados del rumen, capaz de producir hidrógeno y de favorecer así la formación de metano.
El hallazgo apunta a un mecanismo muy concreto. En el rumen, bacterias, hongos y otros microorganismos descomponen fibras vegetales y liberan compuestos que otros seres vivos aprovechan. Entre ellos están las arqueas metanógenas, que usan hidrógeno y dióxido de carbono para fabricar metano. Lo nuevo es que los investigadores encontraron que algunos ciliados, unos microbios unicelulares relativamente grandes y abundantes en ese ambiente, poseen una estructura membranosa especializada que genera hidrógeno. El equipo la bautizó hydrogenobody.
Para llegar a esa conclusión, los autores reunieron un catálogo de 450 genomas de ciliados del rumen, la gran mayoría generados por primera vez, y combinaron ese recurso con observaciones de microscopia electrónica, análisis genéticos y mediciones de metano en 100 vacas lecheras. También revisaron 1.877 conjuntos de datos metagenómicos y metatranscriptómicos del rumen. En conjunto, la evidencia mostró una correlación entre la abundancia de ciliados, la de arqueas metanógenas y la cantidad de metano emitida por los animales.
Las imágenes sugieren que estos orgánulos se ubican cerca de la base de los cilios, las estructuras que permiten moverse y alimentarse a estos microorganismos. Allí alojan enzimas que producen hidrógeno y también ayudan a consumir oxígeno, algo importante porque las arqueas metanógenas funcionan mejor en ambientes muy pobres en este gas. Según el estudio, ciertos grupos de ciliados llamados Vestibuliferida tienen más de estos orgánulos que otros grupos del rumen y, en promedio, se asocian con mayores emisiones de metano.
El resultado importa porque ofrece un blanco biológico más específico para intentar reducir una fuente relevante de calentamiento global. El metano dura menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, pero atrapa mucho calor mientras permanece allí. Si se entendiera mejor qué microorganismos y qué procesos internos empujan su producción en el ganado, podrían diseñarse dietas, aditivos o intervenciones más precisas que las estrategias generales usadas hasta ahora.
Eso no significa que el problema esté resuelto ni que baste con bloquear este orgánulo para bajar las emisiones. El propio trabajo deja preguntas abiertas sobre cuánto pesa este mecanismo frente a otros factores del rumen, como la dieta de cada animal o la composición completa de su microbioma. Además, la relación entre distintos ciliados y el metano se infiere a partir de una combinación de correlaciones, observaciones celulares y experimentos de emisión, no de una manipulación directa de todo el ecosistema ruminal. Aún así, el estudio aporta una imagen mucho más nítida de cómo un proceso microscópico dentro de un microbio puede terminar influyendo en la atmósfera del planeta.
A New Way That a Cow’s Inner World Shapes Earth’s Atmosphere · Quanta Magazine
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Xie, F., Jiang, C., Li, Z., Feng, J., Yan, X., Hu, C., He, J., Chai, X., Huang, Z., Xu, Q., Wang, Y., Xiao, Y., Chen, K., Qin, W., Xiao, Y., Zhang, J., Wang, G., Jin, W., Guo, K., ... Miao, W. (2026). Rumen ciliates modulate methane emissions in ruminants. Science, 392(6797). https://doi.org/10.1126/science.adv4244
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