El fondo de una laguna puede tener menos oxígeno que el agua de arriba

Una red de 80 sensores mostró que la falta de oxígeno junto al sedimento puede pasar inadvertida si solo se mide el agua a media profundidad.

Por Redacción Ciencias.UY 11 de octubre de 2026 a las 18:45 4 min de lectura
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Ilustración de sensores de monitoreo instalados cerca del fondo de una laguna.

En una laguna poco profunda, el agua puede parecer bien oxigenada y aún así esconder zonas con poco oxígeno muy cerca del fondo. Un estudio realizado en la laguna Banana River, en Florida, encontró que esa diferencia no es excepcional: al medir durante un año en muchos puntos, el oxígeno disuelto junto al sedimento fue, en promedio, 0,7 miligramos por litro menor que a media profundidad.

La falta de oxígeno disuelto recibe el nombre de hipoxia. No implica necesariamente que toda la laguna quede inhabitable, pero puede alterar qué organismos resisten en cada zona y modificar el intercambio de sustancias entre el agua y el sedimento. En los estuarios, donde se mezclan aguas continentales y marinas, esos cambios son importantes para entender la calidad del agua y las floraciones de algas.

El equipo instaló 80 sensores a pocos centímetros del sedimento y registró datos cada hora entre julio de 2024 y junio de 2025. Después comparó esos registros con una medición situada a media profundidad, con el tipo de fondo, la cobertura vegetal, las algas y el viento. Es una diferencia de enfoque relevante: un único sensor puede describir una tendencia general, pero no mostrar los rincones donde el problema se concentra ni sus cambios a lo largo del día.

Los valores más bajos y los episodios de hipoxia durante el día fueron más frecuentes cerca de depósitos de sedimentos finos, ricos en materia orgánica y pobres en oxígeno. En esas áreas, los microorganismos que descomponen la materia orgánica consumen oxígeno. Además, cuando el sedimento pierde oxígeno puede liberar nutrientes al agua; esos nutrientes pueden favorecer el crecimiento de algas y reforzar un ciclo que vuelve más difícil recuperar el equilibrio del ecosistema.

El mapa también mostró que no todos los fondos se comportan igual. Los sitios arenosos tuvieron menores oscilaciones diarias y menos tiempo acumulado con hipoxia que las zonas con más clorofila, asociada a vegetación acuática o a focos de algas. Durante el período estudiado, la macroalga Caulerpa prolifera era abundante en parte de la laguna y luego disminuyó de forma marcada; esa variación ayuda a explicar por qué las condiciones pueden cambiar tanto de un sitio a otro.

El viento también tuvo un papel. Con velocidades moderadas, ayudó a mezclar agua oxigenada hacia abajo y atenuó la hipoxia del fondo. Cuando el viento fue más intenso, las concentraciones tendieron a acercarse al equilibrio con la atmósfera. Estos patrones no convierten al viento en una solución: describen cómo la mezcla física se suma a los procesos biológicos y químicos que consumen oxígeno.

El trabajo no prueba que todos los estuarios poco profundos tengan la misma distribución de hipoxia ni atribuye cada episodio a una única causa. Se concentra en una laguna subtropical de Florida y en un año de mediciones. Su principal aporte es mostrar que medir solo más arriba en la columna de agua puede dejar fuera una parte decisiva del problema: lo qué ocurre en la franja donde el agua toca el fondo.

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Cita original

Fox, A., English, R., MacDonald, M., & Crews, B. (2026). Spatiotemporal extent of diel and episodic hypoxia in bottom water of a shallow, well-mixed estuary. Frontiers in Marine Science, 13, 1923195. https://doi.org/10.3389/fmars.2026.1923195

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