Un fósil jurásico da pistas sobre la evolución de la garganta de los mamíferos

El esqueleto de Megacauda sungei conserva estructuras de la garganta que ayudan a reconstruir cómo evolucionaron la deglución y la alimentación en parientes tempranos de los mamíferos.

Por Redacción Ciencias.UY 11 de octubre de 2026 a las 13:45 3 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Reconstrucción y fósil de Megacauda sungei, mamaliaforme del Jurásico Medio estudiado mediante tomografía.

¿Qué puede contar un esqueleto aplastado por millones de años sobre la forma de beber o tragar de un animal? Un fósil hallado en China aporta una respuesta parcial. El estudio describe a Megacauda sungei, un mamaliaforme —un pariente temprano de los mamíferos— que vivió en el Jurásico Medio, hace cerca de 165 millones de años. Su paladar y su garganta conservan rasgos poco habituales que permiten rastrear una parte de la historia evolutiva de la alimentación de los mamíferos.

El equipo examinó el fósil con microtomografía computarizada: un escaneo que permite observar el interior de una pieza sin romperla. Así reconstruyó detalles de la bóveda de la garganta y del hioides, un pequeño conjunto de huesos vinculado con la lengua y la deglución. Al compararlos con otros fósiles y con mamíferos actuales, los autores concluyeron que varias estructuras relacionadas con tragar, beber y succionar ya se habían desarrollado en antepasados compartidos por grupos antiguos y por los mamíferos modernos.

Eso no significa que el animal amamantara exactamente como una especie actual ni que el fósil registre directamente esos comportamientos. Los tejidos blandos, la leche y los movimientos de la boca no se conservan de ese modo. La inferencia surge de la semejanza entre los huesos preservados y las funciones que esas estructuras cumplen en animales vivos. Por eso, el hallazgo ilumina una transición anatómica, pero no resuelve por sí solo el origen de la lactancia.

El esqueleto también sugiere una vida ligada al agua. Su pelvis, sus patas traseras y otros rasgos se interpretan como adaptaciones compatibles con nadar y buscar alimento en ambientes acuáticos. Los investigadores comparan esa combinación con la del ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus), aunque no proponen que ambos animales fueran equivalentes: el ornitorrinco pertenece a una rama viva muy posterior y la comparación sirve como referencia funcional.

Megacauda era, además, grande para un mamaliaforme jurásico y tenía dientes especializados para una dieta basada en animales. El nuevo fósil refuerza una imagen menos uniforme de los primeros parientes de los mamíferos: mientras los dinosaurios dominaban los ecosistemas terrestres, esos animales ya ocupaban modos de vida diversos. En vez de una historia lineal hacia el mamífero moderno, los huesos muestran un mosaico de cambios: algunas piezas de la anatomía asociada a la alimentación aparecieron mucho antes que las formas actuales de los mamíferos.

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Cita original

Li, Y., Li, P., Neander, A. I., Zhang, H., Zhou, C.-F., Martin, T., & Luo, Z.-X. (2026). A Jurassic mammaliaform swimmer and transformation of the mammalian pharynx. Nature, 1–10. https://doi.org/10.1038/s41586-026-11107-0

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