El cerebro ajusta los movimientos automáticos de dos maneras distintas

Experimentos con participantes humanos distinguen un ajuste que recalibra el gesto de otro que orienta, sin deliberación, la elección de hacia dónde mover la mano.

Por Redacción Ciencias.UY 09 de octubre de 2026 a las 17:45 4 min de lectura
Imagen: journals.plos.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Diagrama del estudio que separa la selección de una acción de la ejecución precisa del movimiento.

Cuando una ráfaga de viento desvía una pelota o el cursor de una pantalla no responde como esperamos, solemos corregir el movimiento casi de inmediato. Esa corrección parece una sola cosa, pero una serie de experimentos con personas propone que incluye al menos dos ajustes automáticos diferentes: uno ayuda a ejecutar con precisión el gesto elegido y otro inclina, sin una decisión consciente, la dirección que se elige para alcanzar una meta.

El trabajo, publicado en PLOS Biology, estudió la adaptación sensoriomotora: los cambios que hace el sistema nervioso cuando la relación habitual entre un movimiento y lo que vemos se altera. Los participantes movían la mano hacia blancos mientras una pantalla mostraba un cursor cuya trayectoria había sido rotada. En algunas pruebas, la devolución visual aparecía un segundo y medio después del movimiento; en otras, se limitaba el tiempo para responder o se pedía alcanzar directamente el blanco sin aplicar una estrategia deliberada. Estas condiciones buscaban separar las correcciones conscientes de las que persisten aún cuando las personas no planifican una compensación de forma explícita.

Los resultados respaldan la existencia de un componente que los autores denominan apuntado implícito. Aunque la demora de la señal visual reduce fuertemente una forma conocida de recalibración automática, los participantes seguían modificando de manera sistemática la dirección de sus movimientos. Ese ajuste no se comportó igual que la recalibración: mostró otra estabilidad tras las pausas y respondió de otro modo al contexto de las tareas. Para los investigadores, la diferencia ayuda a distinguir entre corregir la ejecución de un gesto —por ejemplo, afinar cuánto se desvía la mano— y seleccionar automáticamente hacia dónde conviene dirigirlo.

La propuesta no implica que cada movimiento cotidiano pueda dividirse de forma simple en dos módulos aislados. Los experimentos se realizaron en tareas controladas, con cursores, blancos y perturbaciones visuales diseñadas en el laboratorio. Tampoco identifican los circuitos neuronales responsables ni evalúan aplicaciones clínicas, terapéuticas o de rehabilitación. Pese a ello, ofrecen una forma más precisa de investigar cómo se aprende una destreza: no solo preguntando si una persona corrige un error de manera consciente o automática, sino también qué problema está resolviendo esa corrección.

Esa distinción puede ayudar a interpretar por qué la práctica no siempre mejora del mismo modo. Aprender a usar un ratón, adaptarse a una herramienta nueva o recuperar precisión después de la fatiga exige tanto escoger una dirección útil como ejecutar el movimiento con exactitud. Separar ambos procesos permitirá poner a prueba nuevas explicaciones sobre el aprendizaje motor, sin asumir que todas las correcciones que ocurren fuera de la conciencia son equivalentes.

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Cita original

Wang, T., Lam, T., Taylor, J. A., & Ivry, R. B. (2026). Implicit sensorimotor adaptation comprises distinct mechanisms for action selection and execution. PLOS Biology, 24(10), e3004057. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3004057

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