El océano absorbe una parte importante del dióxido de carbono que emitimos, pero ese carbono no queda atrapado solo por disolverse en el agua. También depende de lo qué ocurre con la materia orgánica producida por algas y otros organismos. Un estudio publicado en Nature muestra ahora que, para descomponer uno de esos materiales más resistentes, varias bacterias marinas no compiten tanto como se reparten tareas complementarias.
El material en cuestión son los fucoidanos, una familia de azúcares complejos producidos por algas pardas y diatomeas. Estas moléculas forman parte de sus cubiertas externas y son importantes porque resisten relativamente bien la degradación. Esa resistencia favorece que parte del carbono contenido en las algas termine hundiéndose hacia aguas profundas o sedimentos, donde puede quedar almacenado durante mucho tiempo.
Para estudiar cómo se rompen esos compuestos en la práctica, el equipo reconstruyó en el laboratorio una comunidad marina de bacterias especializadas y siguió sus intercambios con análisis metabólicos. El resultado fue una especie de división del trabajo. Algunas bacterias atacaban sobre todo la columna principal rica en fucosa sulfatada, mientras otras se ocupaban mejor de ramas laterales formadas por componentes menos comunes. Según los autores, esa combinación elevó la eficiencia de degradación hasta 97,1%, mucho más de lo esperable si cada grupo actuara por separado.
El hallazgo importa porque ayuda a entender mejor el ciclo del carbono oceánico. Si la degradación de estos azúcares depende no solo de qué microbios están presentes, sino de cómo se complementan entre sí, entonces el destino final del carbono exportado por las algas también depende de esas relaciones ecológicas. Eso puede influir en cuánto material orgánico permanece circulando cerca de la superficie y cuánto llega a profundidades donde el carbono queda retenido por más tiempo.
El trabajo no ofrece una cifra directa sobre cuánto cambiará el balance global de carbono ni implica que ya pueda manipularse el océano para mejorar ese almacenamiento. Es un estudio mecanístico, hecho con consorcios reconstruidos y datos metagenómicos, que aclara una pieza del rompecabezas más que entregar una solución climática inmediata. Aún así, aporta una idea valiosa: incluso procesos tan grandes como el secuestro oceánico de carbono pueden depender de cooperaciones microscópicas muy precisas entre bacterias y algas.
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Sichert, A., Pollak, S., Priest, T., Goyal, A., Miravet-Verde, S., Sunagawa, S., Cordero, O. X., & Sauer, U. (2026). Synergistic degradation of fucoidans in the ocean. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10980-z
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