Una marisma puede seguir en pie después de un temporal muy intenso sin que eso signifique que siempre frene las olas con la misma eficacia. Un experimento a gran escala expuso un bloque intacto de este ecosistema costero a oleaje de hasta dos metros y halló una diferencia importante: el suelo elevado resistió con poca erosión, pero la vegetación fue perdiendo capacidad para amortiguar las olas a medida que aumentaba su tamaño.
Las marismas son zonas costeras que se inundan con las mareas y están cubiertas por plantas adaptadas a la salinidad. Su plataforma de sedimentos y sus tallos pueden restar energía al agua antes de que llegue a una costa. Esa posibilidad las ha convertido en una de las opciones que se estudian para complementar diques y otras defensas, aunque medir su aporte durante tormentas realmente fuertes es difícil: no se puede esperar un temporal extremo y controlar todas sus condiciones.
Para poner a prueba esa resistencia, el equipo trasladó más de 300 metros cuadrados de marisma intacta a un enorme canal de olas en Delft, Países Bajos. Allí aumentó de forma progresiva el tamaño de las olas durante unas 29 horas y midió tanto el desgaste del terreno como los cambios en las plantas. Tras 21 horas de exposición, el suelo había perdido en promedio apenas siete milímetros. El resultado sugiere que una plataforma de marisma bien establecida puede conservar buena parte de su estructura incluso bajo un episodio de oleaje severo.
La respuesta de la vegetación fue más dependiente de la fuerza del agua. Con olas de unos 75 centímetros, los tallos añadieron entre 6 % y 22 % de reducción del oleaje. Con olas de dos metros, ese aporte adicional fue de hasta 6 %. Durante la exposición continuada, las plantas sufrieron daños, por lo que cada vez ofrecieron menos resistencia al paso de las olas. No es una contradicción: el suelo y la vegetación cumplen funciones distintas, y no necesariamente fallan al mismo ritmo.
Los investigadores combinaron las mediciones del canal con información mundial sobre marismas y marejadas. El análisis apunta a que la vegetación puede aportar más protección en costas de menor energía, donde las olas que llegan a la marisma no superan aproximadamente un metro; en esos ambientes, la atenuación adicional suele superar 10 % y puede alcanzar 50 %. Cuando el oleaje es mayor, el beneficio de los tallos disminuye aunque la plataforma de sedimentos siga siendo relativamente estable.
El estudio no prueba que una marisma sustituya por sí sola a un dique ni calcula el riesgo de inundación para una localidad concreta. El canal permite observar con precisión un conjunto de condiciones, pero no reproduce toda la complejidad de una costa, con mareas, corrientes, lluvia, construcciones y cambios a largo plazo. Aún así, ofrece una medida directa de qué parte de la protección puede aportar este ecosistema y en qué situaciones conviene no prometer más de lo que puede hacer.
Scientists put a salt marsh in a giant wave-machine: here's what they learned · Nature
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Willemsen, P. W. J. M., Mason, V. G., van Zelst, V., et al. (2026). The contribution of salt marshes to wave attenuation during extreme storms. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-11145-8
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