Los pozos de alquitrán de La Brea no solo conservan huesos de depredadores extintos: también guardan pistas sobre cómo vivían y enfermaban. Un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science examinó vértebras fósiles de Smilodon fatalis y encontró señales compatibles con tumores de nervios espinales, una lesión muy rara en humanos y en animales actuales. A partir de esos restos, los autores plantean que la población pudo haber sufrido un deterioro genético importante en sus últimos miles de años.
El equipo revisó 3.722 vértebras de al menos 849 adultos conservadas en el museo de La Brea y buscó cambios patológicos en la columna. Además de malformaciones ya conocidas en este gran felino del Pleistoceno, identificó tres ejemplares con forámenes intervertebrales ensanchados, es decir, orificios por donde salen nervios desde la médula y que en estos fósiles aparecían agrandados y remodelados. En medicina veterinaria y humana, ese patrón suele asociarse con tumores nerviosos de crecimiento lento, que presionan el hueso durante mucho tiempo.
La cifra parece pequeña, pero para un rasgo tan infrecuente resultó llamativa. Los autores estimaron una prevalencia de 353 casos por cada 100.000 individuos en la muestra fósil, muy por encima de las estimaciones clínicas humanas, de 0,22 a 0,38 por cada 100.000. Esa comparación debe leerse con prudencia: un conjunto de fósiles no equivale a una población viva seguida por médicos, y el propio estudio advierte que la muestra de La Brea está sesgada por procesos de preservación y acumulación. Aún así, el contraste sirvió para mostrar que no se trata de un hallazgo trivial dentro del registro de Smilodon.
La hipótesis más interesante del trabajo es que estos tumores podrían formar parte de un cuadro más amplio de endogamia. En especies cuya población cae de forma pronunciada, la reproducción entre parientes cercanos puede volver más frecuentes variantes genéticas dañinas. Los investigadores vinculan esta posibilidad con otras malformaciones ya descritas en Smilodon y con ejemplos de mamíferos del final del Pleistoceno que también muestran señales de deterioro poblacional. La idea no es que la endogamia haya sido la única causa de la desaparición de estos felinos, sino que pudo haber empeorado su salud cuando ya enfrentaban un escenario ecológico adverso.
Ese punto importa porque ayuda a pensar la extinción no solo como un evento externo, causado por clima, cambios ambientales o presión humana, sino también como un proceso biológico que deja marcas en el cuerpo de los animales. Si estos tumores causaban dolor, debilidad o dificultad para usar las patas, como ocurre en muchos casos modernos, algunos individuos habrían tenido más problemas para cazar por emboscada y más incentivos para arriesgarse a carroñear cerca de presas atrapadas en el alquitrán.
Las conclusiones, de todos modos, tienen límites claros. Los autores no pudieron observar tejido blando ni confirmar el diagnóstico con biopsias, de modo que hablan de lesiones compatibles con tumores nerviosos, no de una certeza absoluta. Además, tres casos siguen siendo una base pequeña y no permiten reconstruir por sí solos toda la salud de la especie. Aún con esas cautelas, el estudio muestra que una colección fósil excepcional puede revelar algo más que anatomía: también puede contar cómo una población empezó a volverse biológicamente frágil antes de desaparecer.
Saber-toothed cats' spinal tumors may show how inbred species struggled to survive · Frontiers
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Schmökel, H., Del Chicca, F., & Hagen Argudin Pina, R. (2026). Foraminal widening indicating a spinal nerve tumor in the saber-tooth cat Smilodon fatalis from Rancho La Brea. Frontiers in Veterinary Science, 13, 1857385. https://doi.org/10.3389/fvets.2026.1857385
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