Cuando se habla de incendios forestales y cambio climático, suele parecer que el calentamiento empuja todo en la misma dirección. Un estudio nuevo muestra un panorama más matizado: el calentamiento global elevó las condiciones favorables para el fuego tanto en el suroeste de Estados Unidos como en el este de Australia, pero un cambio de varias décadas en el océano Pacífico ayudó a que las trayectorias recientes de ambas regiones no fueran iguales.
El trabajo se concentró en una pregunta que venía llamando la atención a los climatólogos. Dos zonas muy propensas al fuego, conectadas además al Pacífico tropical, mostraron señales distintas en las últimas décadas. En el suroeste estadounidense aumentó el área de bosques quemados, mientras que en el este de Australia no apareció un incremento equivalente. Para entender esa diferencia, el equipo combinó registros observados con simulaciones climáticas del proyecto internacional CMIP6 y analizó cómo variaban la presión de vapor del aire, la sequedad y el área quemada en relación con la temperatura superficial del Pacífico.
La conclusión principal es que no alcanza con mirar solo El Niño o La Niña de un año a otro. Los autores encontraron que desde la década de 1980 el Pacífico tropical mostró una tendencia de largo plazo con rasgos más parecidos a La Niña. Ese cambio habría reforzado en el suroeste de Estados Unidos las condiciones secas y cálidas que favorecen incendios más extensos. En cambio, para el este de Australia, esa misma señal oceánica habría compensado parte del efecto que el calentamiento antropogénico tiende a ejercer sobre el riesgo de fuego.
Eso no significa que Australia haya quedado fuera del problema ni que el océano “anule” el cambio climático. El estudio muestra que el déficit de humedad del aire aumentó en ambas regiones y que la influencia humana sigue siendo una pieza importante del cuadro. Lo que cambia es cómo se combinan las fuerzas: el calentamiento global empuja hacia más sequedad, pero los patrones oceánicos pueden intensificar o amortiguar ese empuje según la región. Esa combinación ayuda a explicar por qué dos zonas vulnerables pueden responder de maneras diferentes durante el mismo período histórico.
El hallazgo importa porque afina la forma en que se atribuyen los cambios recientes en incendios. En vez de tratar todos los aumentos o estancamientos como una señal lineal del calentamiento, sugiere que conviene mirar también los patrones lentos del océano que alteran la circulación atmosférica y la disponibilidad de humedad sobre los continentes. Eso puede ser útil para planificar manejo forestal, prevención y adaptación en regiones donde el riesgo de fuego depende no solo del calor acumulado, sino también de cómo cambian los grandes sistemas climáticos.
Al mismo tiempo, el trabajo tiene límites claros. Se apoya en relaciones estadísticas y simulaciones climáticas para reconstruir tendencias regionales complejas, y no convierte el comportamiento del Pacífico en una herramienta de pronóstico simple para cada temporada de incendios. Además, el área quemada depende también de combustibles, políticas de manejo, igniciones y cambios locales en el paisaje. Aún así, el estudio ofrece una idea valiosa: en un planeta que se calienta, el contexto oceánico de fondo puede ayudar a decidir dónde el riesgo de incendios se acelera más y dónde, al menos por ahora, parte de esa señal queda amortiguada.
Pacific Ocean pattern helps explain diverging wildfire trends in US and Australia · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Jacobson, T. W. P., Seager, R., Clarke, H., Cook, B. I., & Juang, C. S. (2026). Opposing contributions of the tropical Pacific to recent burned forest area trends in Eastern Australia and the Southwestern United States. Environmental Research Letters, 21(9), 094032. https://doi.org/10.1088/1748-9326/ae6791
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