El cambio climático desplaza de forma desigual el riesgo de malaria en África

Un análisis de más de un siglo de datos sobre malaria infantil estima que el calentamiento modificó el riesgo de manera desigual: aumentó en zonas más frescas del este y sur de África y disminuyó en parte del oeste.

Por Redacción Ciencias.UY 13 de setiembre de 2026 a las 06:45 5 min de lectura
Imagen: Hajarah Nalwadda/Stringer/Getty Images Europe, vía Science News Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Una madre y una niña esperan atención mientras personal sanitario revisa documentos en un centro de salud de Uganda.

El calentamiento global no parece mover el riesgo de malaria en una sola dirección en África. Un estudio que reunió datos de más de un siglo sobre la prevalencia de malaria infantil estima que el cambio climático provocado por las actividades humanas ha favorecido condiciones de transmisión en zonas relativamente frescas del este y del sur del continente, mientras que en parte del oeste el aumento de la temperatura ha ido en sentido contrario. El resultado describe un desplazamiento del mapa de riesgo, no una expansión uniforme de la enfermedad.

La malaria depende de una combinación precisa de condiciones. El parásito Plasmodium falciparum debe desarrollarse dentro de mosquitos del género Anopheles, y ambos responden a la temperatura. Cuando hace demasiado frío, el ciclo se frena; cuando hace demasiado calor, tampoco funciona igual de bien. Por eso, unos pocos grados más no tienen el mismo efecto en una meseta fresca que en una región que ya se acerca a las temperaturas menos favorables para la transmisión.

Para separar ese efecto de otros cambios ocurridos a la vez, el equipo analizó 50.425 relevamientos de malaria en niños y niñas de 2 a 10 años, realizados entre 1900 y 2016 en África subsahariana. Los datos fueron agrupados por mes y por unidades administrativas y se combinaron con información sobre temperatura y lluvias extremas. Después, un modelo estadístico comparó el clima histórico con simulaciones de un mundo equivalente sin el calentamiento causado por las emisiones humanas. Esa comparación permite estimar una contribución climática sin atribuir al clima todos los cambios observados en la enfermedad.

El promedio continental fue pequeño e incierto: para 2010-2014, los autores calcularon alrededor de un caso adicional por cada mil niños, con un intervalo que va de cuatro casos menos a seis más. Detrás de ese promedio hay diferencias importantes. En África oriental y austral, sobre todo en áreas elevadas, las temperaturas más altas se asociaron con incrementos de la prevalencia. En África occidental, donde muchas zonas ya están cerca o por encima del rango térmico más favorable para el parásito y el mosquito, el efecto estimado fue una reducción. Las lluvias intensas y las sequías también influyeron, pero con señales más variables y menos determinantes que la temperatura.

Las proyecciones hacia fin de siglo conservan ese contraste. Según el escenario de emisiones, el promedio de África subsahariana podría mostrar una disminución de la malaria porque algunas regiones cálidas se volverían menos propicias para transmitirla. Eso no equivale a una buena noticia climática ni a una predicción de erradicación: en partes más frescas del este y del sur el riesgo puede aumentar, y las proyecciones tienen márgenes de incertidumbre amplios. Además, un promedio continental no dice qué ocurrirá en cada comunidad, estación o año.

El estudio también ayuda a poner la escala del clima en perspectiva. Las campañas de control de mosquitos, los mosquiteros tratados con insecticida, el diagnóstico, los tratamientos, las vacunas y el acceso a los servicios de salud han tenido efectos mucho mayores sobre la malaria que el cambio climático estimado hasta ahora. La utilidad del trabajo está en mostrar que la vigilancia sanitaria no puede apoyarse en un único mapa fijo: las estrategias de prevención necesitan atender a los cambios locales de temperatura y lluvia, sin perder de vista que las decisiones de salud pública siguen siendo decisivas.

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Cita original

Carlson, C. J., Carleton, T., Odoulami, R. C., Molitor, C. D., & Trisos, C. H. (2026). The past and future impact of climate change on childhood malaria in Africa. Nature, 657, 487–494. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10840-w

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