El Webb muestra que formar planetas gigantes es una carrera contra el tiempo

Un estudio con 72 discos protoplanetarios observados por el telescopio James Webb sugiere que el gas necesario para formar gigantes como Júpiter se pierde en etapas y fija un reloj para el nacimiento de esos mundos.

Por Redacción Ciencias.UY 25 de agosto de 2026 a las 19:45 4 min de lectura
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Los planetas gigantes no pueden tomarse todo el tiempo del mundo para nacer. Un estudio basado en observaciones del telescopio espacial James Webb sugiere que los discos de gas y polvo que rodean a las estrellas jóvenes pierden su material en etapas, y que ese proceso fija una ventana limitada para que mundos como Júpiter o Saturno logren reunir sus atmósferas.

El trabajo analizó 72 sistemas jóvenes parecidos, en términos generales, a cómo pudo verse el entorno del Sol en sus primeros millones de años. En vez de seguir un solo disco durante eras imposibles de observar en tiempo real, el equipo reunió imágenes de muchos discos en distintas etapas y las usó como si fueran fotogramas de una misma película. Así reconstruyó cómo cambia la salida de gas a medida que envejece un sistema planetario.

La clave está en los vientos que barren ese material. Según el estudio, en las fases tempranas predominan chorros y vientos impulsados por campos magnéticos, capaces de expulsar grandes cantidades de gas. Más adelante, cuando esa actividad decae, ganan importancia vientos atómicos más suaves, alimentados por la radiación energética de la estrella. En otras palabras, el disco no se vacía de golpe ni por un único mecanismo: atraviesa una transición.

Para seguir esa evolución, los investigadores rastrearon dos señales distintas en los datos del Webb. Una fue el hidrógeno molecular, que delata vientos amplios y relativamente fríos. La otra fue el neón ionizado, útil para detectar chorros rápidos y fases en que la radiación ya logra atravesar el disco con más facilidad. Al combinar ambas pistas, el equipo encontró que el tipo de viento dominante cambia junto con la tasa de acreción, es decir, con la intensidad con que el sistema todavía alimenta a su estrella central.

Ese resultado importa porque el gas no es un detalle secundario: es la materia prima de los gigantes gaseosos. Si desaparece demasiado pronto, un planeta en crecimiento puede quedarse sin tiempo para sumar una envoltura espesa. El nuevo trabajo no dice que todos los sistemas deban terminar pareciéndose al nuestro, pero sí refuerza la idea de que la duración de ese reservorio gaseoso condiciona qué tipo de planetas llegan a formarse y cuáles no.

También ayuda a ordenar una discusión más técnica sobre qué procesos vacían los discos en cada etapa. Estudios previos ya habían propuesto la existencia de estos vientos, pero Webb permitió seguir de manera mucho más directa al hidrógeno molecular en una muestra grande. Eso da más peso observacional a una historia que hasta ahora dependía en buena parte de inferencias indirectas y de estudios de pocos objetos.

Como suele pasar en astronomía, todavía quedan preguntas importantes. El estudio no mide con precisión toda la masa que pierde cada disco ni resuelve exactamente desde qué zonas se lanza cada flujo de gas. Tampoco convierte este “reloj” en una regla simple que permita predecir el destino de cualquier sistema planetario individual. Pero sí deja una idea fuerte: la formación de planetas no depende solo de juntar material, sino de hacerlo antes de que el disco empiece a desarmarse.

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DOI del paper

10.3847/1538-3881/ae9089

Cita original

Bajaj, N. S., Pascucci, I., Cabrit, S., Edwards, S., Cugno, G., Sellek, A. D., Najita, J. R., Zhang, K., Alexander, R., Herczeg, G. J., Gorti, U., Clark, S. C., & Beck, T. L. (2026). JWST/MIRI Reveals the Evolution from Molecular to Atomic Disk Winds. The Astronomical Journal, 172(3), 161. https://doi.org/10.3847/1538-3881/ae9089

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