El hongo que puede pasar de los gatos a las personas ya preocupa en Uruguay

La expansión de Sporothrix brasiliensis en Sudamérica y su detección en Uruguay refuerzan la vigilancia sobre una esporotricosis que puede transmitirse desde gatos infectados.

Por Redacción Ciencias.UY 21 de junio de 2026 a las 23:45 4 min de lectura
Imagen: Science News Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Dos gatos callejeros en contacto cercano, una vía de transmisión relevante para la esporotricosis felina

Un hongo que puede pasar de los gatos a las personas se está expandiendo en Sudamérica y ya encendió alertas en Uruguay. Se trata de Sporothrix brasiliensis, una especie capaz de causar esporotricosis, una infección que en humanos suele provocar lesiones dolorosas en la piel y que en gatos puede avanzar con úlceras, compromiso respiratorio y cuadros potencialmente mortales si no se trata.

La preocupación no surge de un único episodio aislado. Según un reporte de Science News basado en una presentación del micólogo médico Shawn Lockhart, asesor del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el brote comenzó en Brasil en la década de 1990 y desde entonces ha infectado a más de 11.000 personas y al menos 200 perros, además de enfermar y matar a miles de gatos. El problema ya no se limita a Brasil: también se han detectado casos en Paraguay, Chile, Argentina y, más recientemente, Uruguay.

Lo que vuelve especialmente difícil de contener a este hongo es su forma de transmisión. A diferencia de otras especies del mismo grupo, que suelen entrar por heridas a partir de suelo o materia vegetal contaminada, S. brasiliensis puede circular entre animales en su forma de levadura. Eso facilita el contagio a través de mordidas, arañazos, secreciones y, según estudios citados por la nota, incluso por estornudos de gatos infectados. Experimentos de laboratorio también sugieren que el microorganismo puede sobrevivir durante semanas sobre superficies, una combinación que complica el control en hogares, refugios y clínicas veterinarias.

En Uruguay, un reporte del Instituto de Higiene de la Universidad de la República informó en febrero de 2026 la confirmación de esta especie a partir del análisis de un brote intrafamiliar ocurrido en 2025. La institución indicó además que aparecieron felinos afectados en Maldonado y Rocha sin un vínculo epidemiológico directo con el caso inicial, una señal de que el hongo podría no ser un evento importado único. Ese dato vuelve más relevante la vigilancia local, sobre todo porque los gatos callejeros o con acceso libre al exterior pueden actuar como un puente de transmisión difícil de interrumpir.

El hallazgo no significa que cualquier contacto con un gato implique un riesgo alto ni que exista una epidemia humana fuera de control, pero sí refuerza una idea importante: algunas infecciones fúngicas emergentes pueden moverse entre animales y personas con más facilidad de la que se asumía. La evidencia disponible combina vigilancia epidemiológica, reportes de casos y estudios de laboratorio, de modo que todavía quedan preguntas abiertas sobre cuán rápido puede expandirse el hongo en nuevos territorios y qué estrategias de detección temprana funcionan mejor. Aún así, el cuadro general es suficientemente sólido como para justificar atención sanitaria y veterinaria, especialmente cuando un gato presenta heridas persistentes en hocico, orejas o patas.

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