Una cueva ubicada a 2.235 metros de altura en los Pirineos orientales podría haber sido uno de los campamentos mineros de montaña más antiguos identificados hasta ahora en esa región. Un estudio arqueológico plantea que grupos prehistóricos volvieron al sitio una y otra vez durante unos 2.000 años y dejaron allí decenas de fogones, restos humanos infantiles y numerosos fragmentos de un mineral verde que, si los análisis en curso lo confirman, sería malaquita, una mena rica en cobre.
La idea resulta relevante porque durante mucho tiempo los ambientes de alta montaña fueron vistos como lugares de paso ocasional y no como espacios usados de forma repetida para actividades importantes. En la llamada Cueva 338, en el valle del Freser, el equipo excavó un área de seis metros cuadrados cerca de la entrada e identificó cuatro capas de ocupación. La más profunda contenía carbones datados en unos 6.000 años de antigüedad, mientras que las capas intermedias concentraban la mayor parte de la actividad humana.
Según el trabajo publicado en Frontiers in Environmental Archaeology, en esas capas aparecieron 23 fogones con grandes cantidades de fragmentos minerales triturados y quemados. Los investigadores sostienen que no parecen restos alterados por fuego casual, sino materiales procesados deliberadamente. Varias estructuras se superponen, señal de que el mismo lugar fue reutilizado muchas veces, pero cada fogón sigue siendo distinguible, lo que sugiere visitas separadas en el tiempo y no una ocupación continua. Las dataciones ubican una parte de esa actividad hace unos 3.000 años y otra entre aproximadamente 5.500 y 4.000 años atrás.
El sitio también dejó pistas humanas poco habituales para un contexto de este tipo. En una de las capas se recuperaron un hueso de dedo y un diente de leche de al menos un niño de alrededor de 11 años, además de dos colgantes, uno hecho con concha y otro con un diente de oso pardo. Esa combinación abre la posibilidad de que la cueva no solo haya servido para procesar mineral o como refugio temporal, sino también para otras prácticas sociales, simbólicas o funerarias que todavía no están del todo claras.
Si la identificación de la malaquita se confirma, el hallazgo reforzaría la idea de que comunidades prehistóricas ya subían de manera organizada a zonas difíciles de alcanzar para explotar recursos minerales. Eso no implica imaginar una mina en el sentido moderno, pero sí una relación mucho más intensa con la alta montaña de la que se suponía para ese período. También ayuda a reconstruir mejor cómo se movían esas poblaciones y qué valor estratégico o cultural daban a ciertos lugares apartados.
Las cautelas siguen siendo importantes. Los autores subrayan que la identificación del mineral verde todavía es preliminar y que la excavación no alcanzó toda la profundidad del yacimiento. Por eso, el sitio aún puede guardar restos más antiguos o nuevas evidencias que obliguen a matizar la interpretación actual. Incluso así, la combinación de fogones, dataciones, fragmentos minerales y restos humanos ya convierte a la Cueva 338 en una pista fuerte de que la historia prehistórica de los Pirineos de altura fue bastante más intensa de lo que se creía.
A child's tooth and strange green stones uncover a 5,500-year-old mystery · ScienceDaily
ScienceDaily · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Tornero, C., Díez-Canseco, C., Soler, R., Calvo, S., Delgado-Raack, S., Messana, C., Montes-Landa, J., Morales, J. I., Picornell-Gelabert, L., Soriano, E., & Carbonell, E. (2026). Beyond 2,000 meters, first evidence of intense prehistoric occupation in the Pyrenees. Frontiers in Environmental Archaeology, 5, 1811493. https://doi.org/10.3389/fearc.2026.1811493
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