El cerebro refuerza la diferencia entre la propia voz y la ajena al coordinarse con otra persona

Un estudio en PLOS Biology sugiere que distinguir mejor entre sonidos propios y ajenos ayuda a sincronizar acciones con otra persona, y que ese trabajo depende más del hemisferio derecho del cerebro.

Por Redacción Ciencias.UY 11 de agosto de 2026 a las 07:45 5 min de lectura
Imagen: journals.plos.org Imagen acompañante del paper original; atribución preservada Fuente de imagen
Dos personas coordinan sonidos continuos en una tarea experimental diseñada para separar señales propias y ajenas.

Coordinarse con otra persona parece fácil hasta que el cerebro tiene que resolver una tarea incómoda: separar lo que uno mismo está produciendo de lo que viene del otro, aunque ambos sonidos lleguen mezclados al oído casi al mismo tiempo. Un estudio publicado en PLOS Biology sugiere que esa distinción no solo ayuda a moverse en sincronía, sino que además depende de mecanismos cerebrales más marcados en el hemisferio derecho.

La pregunta importa porque buena parte de la vida social exige este tipo de coordinación fina. Ocurre al tocar música con alguien, seguir el ritmo de otra persona, alternar turnos al hablar o ajustar una acción compartida casi en tiempo real. Para que eso funcione, el cerebro no puede fusionar por completo las señales propias y ajenas, pero tampoco puede tratarlas como si no tuvieran relación entre sí.

Para estudiar ese equilibrio, el equipo reunió a 25 pares de adultos y les pidió sincronizar modulaciones sonoras continuas que ellos mismos controlaban con la presión de los dedos. Mientras realizaban la tarea, los investigadores registraron la actividad cerebral de ambos participantes con EEG y usaron una técnica de etiquetado por frecuencia para seguir por separado cómo el cerebro respondía a señales asociadas a uno mismo y al compañero.

El experimento comparó situaciones en las que las dos personas estaban vinculadas a sonidos claramente distintos con otras en las que las diferencias eran menores. Cuando cada participante tenía un sonido más fácil de identificar por su frecuencia y su brillo, la sincronización mejoraba. En otras palabras, el desempeño conjunto era más estable cuando el sistema auditivo recibía pistas más claras para saber qué parte del paisaje sonoro pertenecía a cada uno.

Los registros cerebrales mostraron además que esa facilitación no era simétrica. La separación entre señales propias y ajenas aparecía con más fuerza en el hemisferio derecho que en el izquierdo, y también era más marcada para las señales vinculadas con la propia acción que para las del compañero. El resultado sugiere que el cerebro prioriza mantener cierto control sobre lo que uno mismo hace y oye, incluso cuando la meta es actuar de manera coordinada con otra persona.

Eso no significa que colaborar dependa de “escuchar menos” al otro. Más bien apunta a que una buena coordinación requiere dos operaciones al mismo tiempo: integrar la información ajena para ajustarse a ella y conservar una frontera suficiente para no confundirla con la propia. El estudio propone que las diferencias espectrales de los sonidos, junto con esta lateralización cerebral, ayudan a sostener ese equilibrio.

El hallazgo puede ser útil para pensar problemas más amplios de cognición social. Distinguir entre señales propias y ajenas no solo importa en tareas musicales o motoras, sino también en conversaciones, aprendizaje compartido y situaciones donde varias personas deben actuar con precisión conjunta. Entender mejor esa separación también podría aportar pistas para trastornos en los que la coordinación interpersonal o el sentido de agencia se alteran.

Conviene leer el trabajo con cautela. Se trata de un experimento de laboratorio con adultos sanos en una tarea muy específica de sincronización auditivo-motora, no de una demostración directa sobre cómo funciona cualquier interacción cotidiana. Tampoco implica por sí solo una aplicación clínica inmediata. Aún así, deja una idea valiosa: coordinarse bien con otros no depende solo de “ir al mismo ritmo”, sino también de que el cerebro conserve con suficiente nitidez la diferencia entre la propia señal y la ajena.

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Cita original

Varlet, M., Lenc, T., Nozaradan, S., Poeppel, D., & Keller, P. E. (2026). Lateralised neural mechanisms facilitate auditory self-other distinction and coordination in human dyads. PLOS Biology, 24(8), e3003935. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003935

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