Los centros de datos se volvieron una pieza central de la economía digital y del auge reciente de la inteligencia artificial, pero también están empujando hacia arriba la demanda de electricidad. Un estudio difundido por MIT plantea que ese crecimiento no necesariamente tiene que traducirse en una presión igual de fuerte sobre la red si parte del consumo puede correrse fuera de las horas de mayor demanda.
La idea parece simple: no usar menos energía, sino usarla en otro momento. Cuando la red entra en horas pico, la electricidad suele ser más cara y más difícil de abastecer. Si un centro de datos puede mover una parte de sus tareas hacia franjas con menor demanda, podría ayudar a repartir mejor la carga y abaratar el sistema. Según el trabajo, ese cambio podría reducir los costos del sistema eléctrico hasta 5 por ciento en Texas, 4 por ciento en la región del Atlántico medio y 2 por ciento en el oeste de Estados Unidos.
Para llegar a esa conclusión, el equipo modeló durante un año distintos escenarios de crecimiento de centros de datos en tres grandes redes eléctricas de Estados Unidos: Texas, el Atlántico medio y el llamado Western Interconnect. El estudio usó el modelo Gen X para simular qué pasa cuando estos complejos pueden trasladar más de 20 por ciento de su consumo, y a veces cerca de la mitad, hacia horas no pico. En esa lógica, tareas más flexibles, como ciertos procesos de entrenamiento de sistemas de IA, ofrecen más margen para correrse que otras cargas que dependen de pedidos inmediatos de usuarios.
El punto interesante es que el beneficio económico no viene solo de evitar momentos caros. Los autores sostienen que, al sumar más consumo fuera de los picos, una parte de los costos fijos de la red puede repartirse sobre un volumen mayor de energía. Eso mejora el uso de la infraestructura ya instalada y puede cambiar también qué tipo de generación resulta más conveniente en cada región.
Ahí aparece la parte menos intuitiva del resultado. El mismo mecanismo que ayuda a bajar costos no tiene siempre el mismo efecto sobre las emisiones. En Texas, donde la energía eólica tiene mucho peso, la flexibilidad de los centros de datos podría incluso reducir dióxido de carbono porque favorece el uso de electricidad más limpia en ciertos horarios. En cambio, en otras redes podría sostener durante más tiempo centrales fósiles que siguen siendo rentables fuera de los picos, con un aumento neto de emisiones.
Eso hace que el hallazgo sea útil más allá de la discusión sobre tecnología. La pregunta no es solo cuánta electricidad van a consumir estos centros en los próximos años, sino bajo qué reglas lo harán. El trabajo sugiere que una gestión horaria más flexible podría convertirse en una herramienta de política energética, por ejemplo si se ofrecen conexiones más rápidas a la red a cambio de aceptar límites o desplazamientos en momentos críticos.
De todos modos, el estudio no equivale a una receta universal. Sus resultados dependen de simulaciones sobre tres regiones concretas de Estados Unidos y de supuestos sobre cómo crecerán los centros de datos hacia 2030. Tampoco demuestra que las empresas vayan a adoptar por sí solas estos esquemas, ni que el efecto vaya a repetirse en países con otra infraestructura eléctrica. Aún así, deja una conclusión clara: cuando se discute el impacto energético de la IA y de los centros de datos, importa tanto la cantidad de electricidad que usarán como el momento en que la pedirán.
How data centers can better manage energy use · MIT News Research
MIT News | Massachusetts Institute of Technology · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Senga, J. R. L., Wang, S., & Knittel, C. R. (2026). Flexible Data Centers Reduce Power System Costs But Can Increase Emissions. iScience.
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