La actividad del cerebro nunca se repite de manera idéntica. Incluso cuando una persona o un animal hace la misma tarea varias veces y obtiene el mismo resultado, las señales neuronales muestran pequeñas diferencias de un intento a otro. Un estudio sugiere ahora que parte de esa variación no surge solo de las conexiones entre neuronas, sino también de los campos eléctricos locales que la propia actividad cerebral genera a su alrededor.
La investigación, publicada en Cerebral Cortex, analizó registros obtenidos en monos durante una tarea de memoria de trabajo. Los animales veían un punto en una pantalla, lo retenían brevemente y luego debían indicar hacia dónde había aparecido. Mientras cumplían esa tarea, los investigadores midieron tanto la actividad eléctrica de neuronas individuales como señales colectivas conocidas como potenciales de campo local. A partir de esas mediciones calcularon el campo eléctrico predominante en cada momento alrededor del tejido cerebral.
La idea de fondo no es que exista una fuerza misteriosa ajena a las neuronas, sino que la actividad conjunta de muchas células produce un entorno eléctrico que también puede influir sobre ellas. Ese fenómeno se conoce como acoplamiento efático. En lugar de pensar al cerebro solo como una red de cables conectados por sinapsis, el estudio propone sumar otra capa: un contexto eléctrico compartido que ayuda a ordenar qué patrones de actividad se vuelven más probables en cada instante.
Según el análisis estadístico y el modelado del equipo, la dirección de influencia favorecía más al campo eléctrico sobre la actividad neuronal que a la inversa. Además, cuando variaba la potencia de las oscilaciones cerebrales, también cambiaba la intensidad de ese acoplamiento. Eso llevó a los autores a plantear que los campos eléctricos locales podrían actuar como una especie de parámetro de control: no reemplazan a las sinapsis ni deciden por sí solos lo que hace el cerebro, pero sí podrían canalizar parte de la dinámica colectiva para que no sea completamente caótica.
Ese marco ayuda a reinterpretar un problema clásico de la neurociencia. Durante mucho tiempo, la variabilidad entre ensayos se entendió como ruido, como señal de incertidumbre o como cambios de excitabilidad difíciles de rastrear. El nuevo trabajo no descarta esas explicaciones, pero agrega otra posibilidad: que una parte de esas fluctuaciones refleje la influencia continua de campos eléctricos que emergen de la propia actividad cerebral y luego retroalimentan a las neuronas cercanas.
El hallazgo también alimenta una pregunta práctica. Si esos campos ayudan a organizar la actividad, comprenderlos mejor podría servir para diseñar intervenciones eléctricas más precisas cuando ciertos circuitos fallan. Aún así, conviene no exagerar el alcance del estudio. Los datos provienen de una tarea experimental específica, en una región cerebral concreta y en animales no humanos. Además, los resultados dependen de modelos para inferir cómo interactúan neuronas y campos. Más que cerrar el debate sobre cómo se coordina el cerebro, el trabajo abre una vía para entender que esa coordinación quizá no dependa solo de quién está conectado con quién, sino también del entorno eléctrico que el propio tejido crea mientras piensa.
Electric fields help guide neural activity, even from moment to moment · MIT News Research
MIT News | Massachusetts Institute of Technology · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Pinotsis, D. A., & Miller, E. K. (2026). Ephaptic coupling can explain variability in neural activity. Cerebral Cortex, 36(6), bhag098. https://doi.org/10.1093/cercor/bhag098
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