La relación entre música y movimiento parece tan natural en la vida adulta que cuesta imaginar cuándo empieza a construirse. Un estudio con bebés sugiere que esa historia no arranca de una sola vez: el cerebro puede distinguir la estructura de la música desde muy temprano, pero transformar esa percepción en movimientos más organizados lleva varios meses más.
La investigación siguió a 79 bebés de 3, 6 y 12 meses mientras escuchaban fragmentos de canciones infantiles. Los científicos combinaron dos herramientas a la vez: electroencefalografía, para registrar la actividad cerebral vinculada a lo que oían, y un sistema de análisis corporal sin marcadores, para medir cómo se movían. Además de las versiones originales de las canciones, usaron versiones alteradas, desordenadas o con cambios de tono para comparar qué respondía específicamente a la organización musical.
Los registros cerebrales mostraron un patrón llamativo: incluso a los 3 meses, los bebés reaccionaban de manera más intensa a la música original que a las versiones desordenadas. Eso sugiere que el sistema auditivo ya detecta regularidades musicales mucho antes de que aparezcan conductas visibles más complejas. En otras palabras, el cerebro infantil parece reconocer que una secuencia sonora tiene una estructura particular antes de que el cuerpo la exprese con claridad.
Los movimientos, en cambio, contaron otra historia. Los autores encontraron señales de un acoplamiento auditivo-motor grueso en todas las edades, pero los patrones más estructurados de balanceo, vaivén o gestos parecidos a palmadas se volvieron mucho más claros en los bebés de 12 meses. Ningún grupo, sin embargo, mostró movimientos sincronizados con el pulso musical de manera consistente, lo que indica que seguir el ritmo con el cuerpo no es una capacidad madura desde el comienzo.
El trabajo también detectó diferencias ligadas a la edad en otros aspectos de la escucha. Por ejemplo, los bebés de 6 meses mostraron una respuesta cerebral más marcada a las versiones más agudas que a las más graves, y la música aguda predijo una mayor actividad motora a los 12 meses. Eso no significa que exista una preferencia simple y universal por los sonidos agudos, pero sí apunta a que algunos rasgos acústicos podrían influir de manera distinta según el momento del desarrollo.
El valor del estudio está en haber observado al mismo tiempo lo que pasa en el cerebro y en el cuerpo. Muchas investigaciones previas habían explorado por separado la percepción musical o el movimiento infantil, pero aquí ambas dimensiones se midieron juntas. Ese diseño permite pensar el desarrollo musical temprano como un proceso escalonado: primero emerge la capacidad de codificar regularidades sonoras y más adelante se afina la posibilidad de traducirlas en una respuesta motora más organizada.
La pregunta importa más allá de la música. Entender cómo se conectan percepción y movimiento durante el primer año de vida ayuda a describir mejor cómo madura la coordinación entre distintas redes cerebrales. También puede aportar pistas sobre el desarrollo temprano de habilidades sociales y comunicativas, porque la música suele involucrar anticipación, atención compartida y sincronía con otras personas.
Conviene leer los resultados con cautela. El estudio se hizo en laboratorio, con fragmentos breves de canciones y grupos de edad relativamente acotados. Además, registrar más movimiento o respuestas cerebrales más fuertes no equivale por sí solo a demostrar que los bebés ya “entienden” la música de la misma manera que un niño mayor o un adulto. Aún así, el trabajo dibuja una secuencia nítida: durante el primer año, la sensibilidad del cerebro a la estructura musical aparece antes que la capacidad de responder con movimientos más complejos y reconocibles.
Development of auditory and spontaneous movement responses to music over the first postnatal year · eLife
eLife · Imagen acompañante del paper original; atribución preservada · Fuente de imagen
Nguyen, T., Bigand, F., Reisner, S., Koul, A., Bianco, R., Markova, G., Hoehl, S., & Novembre, G. (2026). Development of auditory and spontaneous movement responses to music over the first postnatal year. eLife, 14, RP107088. https://doi.org/10.7554/eLife.107088
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