Esparcir basalto triturado sobre suelos agrícolas se viene presentando como una forma relativamente simple de ayudar a retirar dióxido de carbono de la atmósfera. La idea se apoya en un proceso químico real: al meteorizase, esa roca volcánica libera compuestos que pueden transformar parte del CO2 en formas más estables. Pero un estudio publicado en Nature sugiere que, fuera de los modelos más optimistas, esa vía podría rendir bastante menos de lo proyectado.
En vez de partir de ensayos de laboratorio o de cálculos teóricos, el equipo miró qué ocurre en sistemas naturales dominados por basalto. Analizó cuencas volcánicas y comparó la química del agua a lo largo de la ruta completa que sigue ese material meteorizado, desde el suelo hasta ríos y acuíferos. El punto clave era medir cuánta alcalinidad, que es la señal química asociada a ese secuestro de carbono, logra salir realmente del paisaje y avanzar hacia el océano, donde el almacenamiento puede durar mucho más tiempo.
Lo que encontraron fue una serie de pérdidas en el camino. Parte de la señal química que en principio se genera cuando el basalto empieza a disolverse queda atenuada por reacciones posteriores en el suelo y en el subsuelo, y también por límites en el movimiento del agua. Eso significa que no todo el carbono que parecía capturado en una primera etapa termina convertido en una remoción duradera. Al reunir observaciones de paisajes volcánicos naturales, los autores estimaron tasas de remoción mucho más modestas que varias proyecciones ampliamente citadas: en muchos casos, del orden de 0,22 toneladas de CO2 por hectárea al año, y cerca de 1 tonelada por hectárea en regiones volcánicas especialmente activas de Filipinas.
La conclusión no es que la meteorización mejorada sea inútil, sino que probablemente no alcance por sí sola la escala de gigatoneladas que a veces se menciona en planes climáticos. El estudio también ayuda a entender por qué una solución plausible sobre el papel puede perder eficiencia cuando entra en contacto con suelos reales, aguas subterráneas, minerales secundarios y tiempos de residencia del agua que no siempre favorecen que la alcalinidad escape del sistema. Para un debate climático cada vez más lleno de promesas tecnológicas, ese aterrizaje en procesos concretos importa tanto como la idea original.
Los propios autores advierten, de todos modos, que observar cuencas naturales no equivale a reproducir exactamente lo que ocurriría en un campo manejado con basalto molido. Los suelos agrícolas, el tamaño de las partículas, el clima local y las prácticas de manejo pueden alterar bastante el resultado. Aún así, el trabajo marca un límite importante: si esas pérdidas ya aparecen en sistemas donde el basalto lleva mucho tiempo reaccionando con agua y suelos, cualquier evaluación sería de esta estrategia va a tener que incorporar esos cuellos de botella en lugar de contar solo la química inicial de la disolución.
Basalt weathering may remove far less CO2 than projected · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Derry, L. A., Maher, K., & Chadwick, O. A. (2026). Critical zone processes limit alkalinity export from natural basaltic systems. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10936-3
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