El ADN antiguo revela el papel de las mujeres en la Europa prehistórica

Un análisis genético de restos hallados en Bélgica y Países Bajos sugiere que mujeres de comunidades agrícolas ayudaron a expandir la agricultura hacia grupos cazadores-recolectores.

Por Redacción Ciencias.UY 14 de junio de 2026 a las 19:45 4 min de lectura
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Excavación arqueológica en Europa noroccidental donde se recuperaron restos humanos analizados por ADN antiguo

La expansión de la agricultura en la Europa prehistórica pudo haber dependido menos de reemplazos rápidos de población y más de contactos prolongados entre comunidades distintas. Un estudio basado en ADN antiguo sugiere que mujeres procedentes de grupos agrícolas ayudaron a llevar prácticas productivas a poblaciones cazadoras-recolectoras del noroeste europeo, en una transición más lenta y entrelazada de lo que se pensaba.

La investigación analizó restos humanos hallados en Bélgica y los Países Bajos para reconstruir cómo interactuaron, hace unos 5.000 años, comunidades con modos de vida diferentes en zonas de ríos, humedales y costas. Según el trabajo difundido por ScienceDaily y publicado en Nature, varias personas del Neolítico tardío en Bélgica tenían una mezcla llamativa de ancestrías: junto con la huella genética de agricultores llegados originalmente desde Anatolia, también conservaban una proporción alta de ascendencia local de cazadores-recolectores.

El equipo comparó además marcadores heredados por vía paterna y materna para entender mejor cómo se había producido esa mezcla. El patrón que apareció apunta a que muchos linajes paternos seguían ligados a grupos cazadores-recolectores, mientras que buena parte de los linajes maternos provenían de mujeres de comunidades agrícolas asentadas más al sur. Esa combinación respalda la idea de que la agricultura no se expandió solo porque un grupo desplazó a otro, sino también porque mujeres agricultoras pasaron a integrarse en comunidades locales y, con ellas, circularon conocimientos, prácticas y formas de vida.

El mismo estudio describe un cambio posterior, ya hacia hace unos 4.400 años, cuando la región volvió a transformarse con la expansión de poblaciones vinculadas al fenómeno campaniforme, asociado a migraciones con origen remoto en la estepa euroasiática. Ese segundo proceso habría tenido efectos más amplios y duraderos, hasta influir en transformaciones genéticas detectables también en Gran Bretaña. En conjunto, los resultados muestran una prehistoria europea menos lineal, marcada por encuentros, mezclas y reconfiguraciones sucesivas.

Como ocurre con cualquier reconstrucción genética del pasado profundo, las conclusiones dependen de la cantidad de restos disponibles y de inferencias sobre parentesco, movilidad y mezcla poblacional. No permiten describir por sí solas toda Europa ni convertir en certeza cada detalle de las relaciones sociales de la época. Aún así, el trabajo aporta evidencia sólida de que las mujeres pudieron tener un papel decisivo en la difusión de la agricultura en parte del continente y ayuda a matizar visiones demasiado simples sobre cómo cambiaron esas sociedades.

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Olalde, I., Altena, E., Bourgeois, Q., Fokkens, H., Amkreutz, L., Baetsen, S., Deguilloux, M.-F., Fichera, A., Flas, D., Gandini, F., Kegler, J. F., Kootker, L. M., van der Leije, J., Leijnse, K., van der Linde, C., Kooijmans, L. L., Lauwerier, R., Miller, R., Molthof, H., et al. (2026). Lasting Lower Rhine–Meuse forager ancestry shaped Bell Beaker expansion. Nature, 652(8111), 938–946. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10111-8

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