Un freno del sistema nervioso ayuda a explicar por qué a veces no podemos dejar de rascarnos

Un estudio en ratones identificó una señal nerviosa vinculada con TRPV4 que parece indicar cuándo el alivio de rascarse ya fue suficiente, una pista útil para investigar la picazón crónica.

Por Redacción Ciencias.UY 21 de junio de 2026 a las 15:45 4 min de lectura
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Cuando una picazón aprieta, rascarse suele traer alivio en pocos segundos. Lo notable es que casi siempre llega un momento en que el cuerpo “decide” que ya fue suficiente. Un trabajo presentado por investigadoras e investigadores de la Universidad de Lovaina apunta a una pieza de ese mecanismo: un canal molecular llamado TRPV4 que ayudaría al sistema nervioso a reconocer cuándo el rascado ya calmó lo bastante la molestia.

El estudio, difundido por la Biophysical Society y resumido por ScienceDaily, se hizo en ratones con una forma experimental de picazón crónica semejante a la dermatitis atópica. El equipo modificó animales para eliminar TRPV4 solo en ciertas neuronas sensoriales, en lugar de borrarlo en todo el organismo como había ocurrido en trabajos anteriores. Después combinó análisis genéticos, estudios de actividad celular y observación del comportamiento para seguir con más precisión qué pasaba durante los episodios de rascado.

El resultado más llamativo fue, a primera vista, contradictorio. Los ratones sin TRPV4 en esas neuronas se rascaban menos veces, pero cada episodio duraba más. Esa combinación sugiere que TRPV4 no sería simplemente un interruptor que enciende la picazón, sino parte de un sistema de retroalimentación que ayuda a frenarla. En otras palabras, el canal parecería contribuir a la señal que informa al cerebro y a la médula espinal que el alivio ya alcanzó.

Esa idea importa porque la picazón crónica puede convertirse en un problema serio para personas con eccema, psoriasis o enfermedad renal, entre otras condiciones. Cuando rascarse deja de aliviar y pasa a alimentar el círculo de irritación, inflamación y nuevas lesiones, la calidad de vida puede deteriorarse mucho. Entender mejor qué circuitos ayudan a cortar ese ciclo podría orientar terapias más precisas que las actuales.

El trabajo también complica una idea más simple sobre TRPV4. En algunos tejidos de la piel, ese mismo canal parece participar en el inicio de la sensación de picazón. En las neuronas estudiadas aquí, en cambio, ayudaría a ponerle un límite. Esa diferencia sugiere que bloquear TRPV4 de manera general quizás no sea una buena estrategia y que, si este mecanismo se confirma, harían falta intervenciones mucho más selectivas.

Conviene leer el hallazgo con cautela. Se trata de resultados preclínicos en ratones presentados en una reunión científica, no de un tratamiento probado en personas ni de una confirmación definitiva de cómo funciona la picazón crónica en pacientes. Aún así, el estudio ofrece una pista clara y comprensible sobre una experiencia cotidiana que, cuando se vuelve persistente, puede ser difícil de controlar.

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Cita original

Bourgy, C., Parpaite, T., Barbeau, S., Azmani-Matar, K., Lambermont, I., Yerna, X., Schakman, O., Gailly, P. L., & Gualdani, R. (2026). TRPV4 channels expressed in trigeminal AB low-threshold mechanoreceptors modulate chronic itch. Biophysical Journal, 125(4), 258a. https://doi.org/10.1016/j.bpj.2025.11.1654

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