Cómo algunas culebras pequeñas ruedan para escapar

Videos desde varios ángulos muestran cómo tres especies de culebras pequeñas coordinan el cuerpo y la cabeza para rodar a gran velocidad.

Por Redacción Ciencias.UY 19 de octubre de 2026 a las 13:45 4 min de lectura
Imagen: Science News Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Ejemplar de Pseudorabdion saravacense, una de las culebras estudiadas por su desplazamiento rodando.

Una culebra sin patas puede cambiar de estrategia cuando necesita alejarse deprisa: en lugar de avanzar con el ondular habitual, algunas especies pequeñas se enrollan y ruedan por el suelo. Un estudio filmó este comportamiento desde distintos ángulos y describió cómo consiguen repetir los giros sin que la cabeza dé vueltas junto con el resto del cuerpo.

El equipo trabajó con 13 culebras del género Pseudorabdion: 11 ejemplares de Pseudorabdion saravacense, uno de Pseudorabdion collaris y uno de Pseudorabdion longiceps, recogidos en el Parque Nacional Kubah, en Malasia. También incluyó seis culebras del género Calamaria para comparar. Los animales recorrieron de a uno una pista de 2,2 metros mientras cámaras situadas arriba y a un costado registraban sus movimientos; un toque suave servía para inducir el desplazamiento.

Todas las Pseudorabdion ensayadas rodaron, mientras que las Calamaria de comparación no lo hicieron. La secuencia comienza con el cuerpo curvado como una C y la cabeza levantada y orientada hacia adelante. Una parte posterior del cuerpo gira sobre el suelo; luego la cola pasa por delante de la cabeza y vuelve a tocar el suelo, preparando el siguiente giro. Los investigadores observaron que el lado que apoya y el sentido de ese movimiento se alternan de un ciclo a otro, lo que permite mantener el avance.

Rodar plantea un problema de control: si todo el cuerpo rota de manera uniforme, también lo hacen la cabeza y los órganos con los que el animal se orienta. Los videos indican que estas culebras separan funcionalmente ambas tareas. Mientras la parte posterior rota de forma marcada, la cabeza conserva una orientación relativamente estable y, a mayor velocidad, tiende a mantenerse elevada con menos oscilación vertical. Esa coordinación podría ayudar a sostener la dirección durante una salida rápida.

En la pista, la velocidad máxima hacia adelante durante el rodamiento osciló entre 1,72 y 3,69 metros por segundo, aproximadamente cuatro veces la medida cuando las mismas culebras avanzaban mediante ondulación lateral. El resultado no demuestra por sí solo que la maniobra aumente la supervivencia frente a depredadores en condiciones naturales: el experimento registró la mecánica del movimiento en una pista y con una muestra pequeña. Sí ofrece una explicación detallada de una conducta que antes se conocía sobre todo por observaciones aisladas.

El hallazgo recuerda que la forma de un animal no determina por completo cómo puede moverse. En este caso, un cuerpo largo y sin extremidades puede convertirse por instantes en una estructura que rueda, siempre que coordine con precisión qué segmentos impulsan el giro y cuáles conservan la dirección.

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Cita original

Kojima, Y., Fukuyama, I., Hossman, M. Y., Kaliang, C. H., & Nishikawa, K. (2026). Locomotor kinematics and head stabilization in rolling snakes. Current Biology, 36(20), R1061–R1063. https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.08.057

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