Superficies de óxido de zinc reducen la bioincrustación en pruebas de laboratorio

Un experimento con polímeros micropatronados y nanobarras de óxido de zinc redujo la adhesión de bacterias y diatomeas, aunque aún faltan ensayos prolongados en el mar.

Por Redacción Ciencias.UY 30 de setiembre de 2026 a las 09:00 3 min de lectura
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Micrografías electrónicas de superficies poliméricas con patrones microscópicos para ensayos de bioincrustación.

Cuando una superficie permanece sumergida, pronto puede convertirse en un sitio de encuentro para bacterias, microalgas y, con el tiempo, otros organismos. Esa acumulación, llamada bioincrustación, aumenta el rozamiento de los barcos, puede obstruir tomas de agua e intercambiadores de calor y complica el mantenimiento de equipos marinos. Un estudio ensayó si cambiar a la vez el relieve de una superficie y su recubrimiento podía dificultar ese primer paso: la adhesión de microorganismos.

El equipo fabricó tres tipos de polímeros con patrones microscópicos distintos y los cubrió con nanobarras de óxido de zinc, estructuras diminutas y alargadas. En un sistema de flujo de laboratorio comparó las superficies cubiertas con sus versiones sin recubrimiento. Midieron cuántas bacterias de Escherichia coli se adherían y qué proporción de la superficie cubría una diatomea del género Amphora, una microalga frecuente en ambientes acuáticos.

Los resultados dependieron mucho del diseño. En la superficie llamada D1, el recubrimiento redujo la adhesión bacteriana un 60,3 %; en D2, un 48,8 %, y en D3, apenas un 5,8 %. Para las diatomeas, en cambio, las mayores disminuciones aparecieron en D2 y D3, de 72,9 % y 71,8 %, respectivamente; D1 redujo la cobertura un 9,9 %. Esas diferencias muestran que no alcanza con agregar óxido de zinc: la geometría microscópica del material cambia el resultado.

Las superficies recubiertas también repelieron mucho más el agua que las no recubiertas. Los autores proponen que esa propiedad, junto con el relieve en dos escalas y la liberación de iones de zinc, contribuyó a que los microorganismos se fijaran menos. El estudio detectó además especies reactivas de oxígeno producidas bajo iluminación, que podrían dañar células microbianas. Sin embargo, el experimento no incluyó una superficie lisa recubierta de óxido de zinc, por lo que no permite separar con precisión cuánto aporta el recubrimiento y cuánto aporta la textura.

Una posible ventaja de estos materiales sería reducir la necesidad de limpiar o reemplazar componentes expuestos al agua. Pero una superficie eficaz contra organismos adheridos también debe ser segura para el entorno. Por eso el equipo evaluó toxicidad aguda en larvas de camarón blanco (Litopenaeus vannamei). D1 con óxido de zinc no mostró toxicidad significativa en esas condiciones y combinó la mayor reducción de bacterias con la mejor supervivencia larvaria entre los diseños cubiertos. D3, en cambio, tuvo menor desempeño contra bacterias y mayor toxicidad.

El trabajo se hizo con una bacteria, una diatomea y una prueba breve de toxicidad bajo condiciones controladas. No demuestra todavía que el material funcione durante meses en agua de mar, frente a comunidades biológicas más diversas o sin efectos ecológicos no buscados. Antes de pensar en cascos de barcos, redes de acuicultura o sistemas industriales, harán falta ensayos de campo prolongados y evaluaciones que incluyan más especies y efectos crónicos.

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Cita original

Al-Busaidi, A., Dobretsov, S., Kyaw, H. H., & Myint, M. T. Z. (2026). Antifouling properties of ZnO nanorods coating on micropatterned polymers. PLOS ONE, 21(9), e0357826. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0357826

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