El océano funciona como el principal depósito del exceso de energía que se acumula en el sistema climático. Pero saber cuánto calor guarda no alcanza: también importa conocer en qué zonas se concentra y cómo cambia con el tiempo. Un equipo europeo presentó ahora una forma de reconstruir esa distribución al combinar tres tipos de observaciones que, por separado, muestran partes distintas del mismo proceso.
El trabajo reunió los cambios de gravedad detectados por las misiones satelitales GRACE y GRACE-FO, la altura de la superficie del mar medida por altímetros desde el espacio y los perfiles de temperatura y salinidad obtenidos por las boyas autónomas Argo. Las dos primeras pistas permiten separar cuánto cambia el nivel del mar por la masa de agua y cuánto por la expansión del agua al calentarse; las boyas aportan mediciones directas en el océano. Con ese conjunto, los investigadores elaboraron una reconstrucción mensual del contenido de calor oceánico entre enero de 2005 y diciembre de 2024.
La idea central es aprovechar que un océano más cálido ocupa más volumen. Si el nivel del mar sube, ese cambio puede deberse tanto a agua añadida como al ensanchamiento térmico del agua existente. Las mediciones de gravedad ayudan a estimar la primera parte; la altimetría observa el total; y los perfiles de Argo permiten contrastar la señal de temperatura y salinidad. El método ajusta patrones espaciales procedentes de una reconstrucción oceánica a esas observaciones, en lugar de aplicar una única relación global entre expansión y calor a todos los mares.
En el promedio mundial, el resultado estima una absorción de calor de 0,62 vatios por metro cuadrado de la superficie terrestre durante el período estudiado, en concordancia general con otros conjuntos de datos y estimaciones independientes. Al mirar por cuencas, el Pacífico aportó la mayor parte del calentamiento calculado, seguido por los océanos Índico y Atlántico. La reconstrucción también identifica que, entre 2005 y 2015, el Índico tuvo un papel especialmente destacado antes de que el presupuesto de calor se volviera más repartido entre las grandes cuencas.
Esta resolución regional es relevante porque el calor no se queda donde entra al mar. Las corrientes lo redistribuyen y, al hacerlo, pueden modificar la expansión del agua, el nivel del mar local, la estratificación y las condiciones para los ecosistemas marinos. Una medición más consistente entre distintas fuentes puede ayudar a comparar modelos climáticos con observaciones y a reconocer dónde persisten las discrepancias.
No obstante, la reconstrucción no es una fotografía directa de todo el océano. El procedimiento usa patrones espaciales de un modelo oceánico como punto de partida y los reajusta con datos observados; además, las mediciones son menos completas en algunas regiones y profundidades. Por eso las diferencias entre cuencas deben leerse como estimaciones con incertidumbre, no como una demostración de que los modelos climáticos globales fallen en conjunto. El valor del método está precisamente en hacer visibles esas diferencias y en ofrecer datos mensuales con sus márgenes de error para investigarlas mejor.
New method reveals where the world's oceans are heating up · Phys.org
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Uebbing, B., Vielberg, K., Rietbroek, R., Aschenneller, B., Köhl, A., & Kusche, J. (2026). Improving global and regional ocean heat content by consistently combining GRACE gravity, satellite altimetry and Argo profile observations in a joint inversion framework. Earth System Science Data, 18, 6945–6972. https://doi.org/10.5194/essd-18-6945-2026
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