En las laderas de montaña, un bosque puede cumplir una tarea que va mucho más allá de producir madera o albergar biodiversidad. Sus troncos, raíces y copas ayudan a estabilizar el terreno y a moderar algunos peligros naturales. Pero un análisis de cuatro décadas de bosques protectores de Suiza sugiere que las sequías repetidas están debilitando esa función también en las zonas altas, donde se esperaba una mayor protección frente al calor y la falta de agua.
El trabajo examinó rodales distribuidos en cinco franjas de altitud. Los investigadores combinaron los inventarios forestales nacionales, que registran de manera sistemática el estado de los árboles, con observaciones satelitales de la humedad de la vegetación. Así pudieron seguir, a lo largo del tiempo, tanto los cambios en la estructura de los bosques como la respuesta de sus copas durante los períodos secos.
La señal no fue una simple reducción del crecimiento de cada árbol. En los rodales que seguían creciendo, la estabilidad y la productividad del conjunto disminuyeron sobre todo porque se aceleró la pérdida de densidad de troncos. Los árboles dominantes y de mayor tamaño aparecieron como particularmente vulnerables a la sequía en buena parte de los períodos analizados. Cuando faltan esos individuos, cambia la estructura que permite al bosque desempeñar sus funciones en una ladera.
El resultado más llamativo fue la pérdida progresiva de la diferencia entre alturas. En condiciones anteriores, la elevación podía ofrecer ambientes relativamente más frescos o húmedos y favorecer la recuperación de la vegetación. Sin embargo, los indicadores de la respuesta de las copas a la sequía tendieron a converger entre las franjas altitudinales. En otras palabras, estar más arriba no garantizó una mayor capacidad de resistir y recuperarse del estrés hídrico.
Los rodales que ya estaban en declive afrontaron sequías más intensas, especialmente en los dos períodos más recientes del inventario. Allí, los autores interpretan que se superaron umbrales de resiliencia sin una protección consistente de la altitud. La resiliencia no significa que un bosque quede intacto: describe su capacidad de soportar una perturbación y recuperar parte de su funcionamiento. El estudio muestra que esa capacidad puede erosionarse antes de que el deterioro sea evidente a escala de todo el rodal.
Los datos no permiten convertir estos resultados en un pronóstico directo de aludes, desprendimientos o inundaciones para cada valle suizo. Tampoco prueban que toda pérdida de árboles tenga una causa única: los bosques responden a la combinación de sequía, edad de los árboles, su composición y otras condiciones locales. La investigación es observacional y se concentra en Suiza, por lo que no basta para trasladar sus cifras a otras cordilleras.
Aún con esos límites, el análisis aporta una advertencia útil: la altitud, que durante mucho tiempo funcionó como una suerte de margen de seguridad climática, puede dejar de compensar sequías más frecuentes o intensas. Mantener bosques con estructuras diversas y con suficiente densidad de árboles podría ayudar a sostener su función protectora, aunque los autores señalan que esa adaptación deberá evaluarse según cada sitio. Comprender cómo cambian estos ecosistemas permite anticipar que la vulnerabilidad de una montaña no depende solo de la pendiente o de la lluvia, sino también de la salud del bosque que la cubre.
Four Decades of Drought Impacts on Swiss Protective Forests: A Vanishing Altitudinal Gradient · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Noyer, E., Dorren, L., Allgaier Leuch, B., & Moos, C. (2026). Four decades of drought impacts on Swiss protective forests: A vanishing altitudinal gradient. Frontiers in Forests and Global Change, 9. https://doi.org/10.3389/ffgc.2026.1933304
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