Una propuesta teórica de “superátomos gigantes” busca reducir un problema central de la computación cuántica

Investigadores de Chalmers propusieron un diseño teórico que combinaría dos conceptos de la física cuántica para proteger y distribuir mejor la información.

Por Redacción Ciencias.UY 11 de mayo de 2026 a las 16:28 4 min de lectura
Imagen: OJB Quantum CC BY 4.0 Fuente de imagen
Fotografía de un sistema IBM Quantum System One, usada como imagen ilustrativa para una nota sobre arquitectura de computación cuántica.

Investigadores de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia, presentaron una propuesta teórica para construir sistemas cuánticos basados en “superátomos gigantes”. La idea apunta a uno de los obstáculos más persistentes de la computación cuántica: la decoherencia, es decir, la pérdida de información cuando un sistema cuántico interactúa con su entorno.

Las computadoras cuánticas prometen resolver ciertos problemas que hoy son muy difíciles para las máquinas convencionales, pero sus unidades básicas de información —los qubits— son extremadamente frágiles. Pequeñas perturbaciones del ambiente pueden alterar su estado y arruinar el cálculo.

El nuevo trabajo, resumido por ScienceDaily, combina dos conceptos que ya existían por separado. Por un lado, los “átomos gigantes”, sistemas artificiales que se conectan con ondas de luz o sonido en varios puntos a la vez. Por otro, los “superátomos”, conjuntos de átomos que comparten un mismo estado cuántico y se comportan como una sola entidad.

La propuesta consiste en unir ambas ideas en una arquitectura común para almacenar, controlar y transferir información cuántica de una forma más robusta.

La principal evidencia presentada en este caso es teórica. Según la descripción de la fuente, los autores analizaron cómo estos superátomos gigantes podrían interactuar con la luz según su estado interno y plantearon dos configuraciones útiles.

En una de ellas, varios superátomos gigantes estarían acoplados de manera cercana para transferir estados cuánticos sin perder información. En otra, se ubicarían más separados, pero sincronizados de forma precisa para dirigir señales cuánticas y distribuir entrelazamiento a distancias mayores.

El trabajo también retoma una propiedad interesante de los átomos gigantes: su interacción con el entorno puede generar una especie de “eco” cuántico, que introduce memoria en el sistema y ayuda a amortiguar la decoherencia.

Si estos diseños pudieran implementarse en dispositivos reales, ofrecerían nuevas herramientas para construir redes cuánticas, sensores avanzados y computadoras cuánticas más escalables. En vez de sumar capas cada vez más complejas de hardware externo para corregir errores, la propia arquitectura del sistema ayudaría a preservar la información.

Eso es relevante porque la viabilidad práctica de la computación cuántica depende tanto de crear qubits como de mantenerlos útiles durante el tiempo suficiente para operar con ellos.

El punto central es que se trata de una propuesta teórica, no de un dispositivo ya construido ni validado experimentalmente. Por ahora no hay evidencia de desempeño en hardware real, por lo que todavía no puede afirmarse que esta estrategia resuelva la decoherencia en sistemas aplicados.

Además, incluso si el concepto funciona, llevarlo a plataformas concretas exigirá resolver problemas de fabricación, control y compatibilidad con otras tecnologías cuánticas.

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