Resonancias cerebrales sugieren que los perros distinguen miedo y tristeza en rostros humanos

Un estudio con perros despiertos dentro de un resonador encontró patrones cerebrales distintos ante rostros humanos felices, temerosos, tristes y enojados.

Por Redacción Ciencias.UY 10 de agosto de 2026 a las 15:00 4 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Perro entrenado permanece despierto dentro de un resonador mientras observa imágenes de rostros humanos.

Los perros llevan miles de años conviviendo con nosotros, así que no sorprende que sean buenos para leer gestos humanos. Lo novedoso es que ahora un estudio con resonancia magnética funcional sugiere que su cerebro no solo separa las caras amables de las amenazantes, sino que también distingue entre emociones negativas concretas, como el miedo y la tristeza.

Para estudiar esa pregunta, un equipo trabajó con perros de familia entrenados para permanecer quietos y despiertos dentro de un resonador, algo poco habitual pero cada vez más usado en neurociencia comparada. En una primera prueba, 14 perros observaron fotografías de personas desconocidas con expresiones felices o neutrales. Las imágenes de sonrisas activaron con más fuerza una red que incluía la corteza temporal y el núcleo caudado, una región asociada al procesamiento de señales relevantes y de recompensa.

Después, los investigadores pasaron a una comparación más exigente. Doce perros vieron rostros humanos con expresiones de felicidad, enojo, miedo y tristeza, mientras el equipo analizaba la actividad cerebral con herramientas de aprendizaje automático. El resultado principal fue que las respuestas neuronales a las caras felices se separaban con claridad de las tres expresiones negativas, pero además aparecieron patrones distribuidos por el cerebro que permitían distinguir el miedo del enojo y de la tristeza. Según los autores, es la primera evidencia obtenida con este tipo de registros cerebrales de que los perros diferencian emociones negativas específicas en rostros humanos.

Eso no significa que los perros sientan o entiendan esas emociones exactamente como las personas. Lo que el estudio muestra es que el cerebro canino procesa de manera distinta esas señales visuales. En otras palabras, cuando un perro mira una cara humana, no parece reducir todo a una categoría simple de “bueno” o “malo”, sino que capta matices que podrían ayudarle a adaptarse mejor a la convivencia con nosotros.

La idea encaja con otros trabajos que ya habían mostrado que los perros reconocen caras humanas, detectan sonrisas y responden a tonos emocionales en la voz o incluso en ciertos olores. Este nuevo estudio agrega una capa más precisa: sugiere que parte de esa sensibilidad también aparece en la forma en que el cerebro organiza distintas expresiones faciales.

Como toda investigación de este tipo, el trabajo tiene límites claros. La muestra fue pequeña y estuvo formada por perros domésticos especialmente entrenados, por lo que no se puede asumir sin más que todos los perros procesen esas señales igual. Además, los animales vieron fotografías estáticas, cuando en la vida real las emociones humanas se expresan con movimientos del cuerpo, tono de voz, contexto y olor. Aún así, el estudio aporta una pista valiosa sobre hasta qué punto la domesticación pudo afinar la capacidad de los perros para leer a la especie con la que comparten su entorno.

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Cita original

Hernández-Pérez, R., Concha, L., Andics, A., Bernal-Gamboa, R., & Cuaya, L. V. (2026). Dog brain representations of human facial expressions: Encoding happiness and differentiating specific negative expressions. iScience, 116900. https://doi.org/10.1016/j.isci.2026.116900

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