Mucho antes de decir su primera palabra, los bebés ya están aprendiendo a escuchar. Un estudio publicado en eLife sugiere que ese aprendizaje empieza con una capacidad más sofisticada de lo que suele imaginarse: recién nacidos de entre cero y cuatro días pueden reconocer palabras que ya oyeron antes, y la identidad de la voz que las pronuncia parece ayudarles a conservar ese recuerdo cuando aparecen otros sonidos que podrían confundirlos.
La pregunta de fondo era cómo se forman los primeros recuerdos verbales. Aprender una lengua no consiste solo en oír sonidos, sino en distinguir cuáles importan, retenerlos y separarlos de otros muy parecidos. En adultos, esos recuerdos suelen combinar varias pistas a la vez: qué se dijo, quién lo dijo y en qué contexto ocurrió. Los autores quisieron averiguar si algo parecido empieza a ocurrir ya desde el nacimiento.
Para estudiarlo, trabajaron con recién nacidos en sus cunas del hospital y usaron una técnica no invasiva llamada espectroscopia funcional de infrarrojo cercano, o fNIRS, que permite seguir cambios en la oxigenación cerebral. Primero, a cada bebé se le presentó una palabra pronunciada por una voz. Después, durante unos minutos, escuchó palabras que podían interferir con ese recuerdo. Al final, los investigadores compararon la respuesta cerebral ante una palabra familiar y otra nueva.
El resultado central fue que los cerebros de los bebés respondieron de manera distinta a las palabras nuevas que a las ya escuchadas, una señal de que habían retenido información del primer sonido. Pero esa retención no parecía depender solo de la palabra en sí. Según el estudio, el reconocimiento se mantenía mejor cuando la identidad del hablante ayudaba a separar una experiencia auditiva de otra. En otras palabras, la voz funcionaba como una pista para organizar mejor el recuerdo.
Las diferencias se observaron en regiones cerebrales vinculadas con el procesamiento del lenguaje y de la voz, en especial zonas frontales y temporales de ambos hemisferios. Eso no significa que un recién nacido recuerde “episodios” como los recuerda un adulto, con una escena completa y consciente, pero sí apunta a una forma temprana de enlazar el contenido de lo que oye con rasgos de quien lo dice. Esa unión entre “qué” y “quién” podría ser un precursor de memorias más complejas.
El hallazgo importa porque ayuda a entender mejor cómo arranca el aprendizaje del lenguaje. Si la voz de otra persona ayuda desde tan temprano a separar recuerdos verbales, entonces el cerebro no estaría almacenando sonidos aislados, sino experiencias auditivas con cierta estructura. Eso encaja con la idea de que el entorno humano, lleno de voces distintas, no solo expone al bebé al lenguaje, sino que también le da herramientas para ordenar esa información.
También abre preguntas nuevas sobre el desarrollo. Una de ellas es si la capacidad de combinar distintas características de un sonido aparece de manera gradual o si ya existe, al menos en parte, desde las primeras horas de vida. Otra es si alteraciones en ese proceso podrían servir más adelante para detectar dificultades de lenguaje antes de que sean evidentes en la conducta.
Como ocurre con muchos estudios de neurodesarrollo temprano, conviene no exagerar el alcance. La investigación no muestra que los recién nacidos comprendan palabras como lo hace un niño mayor ni que posean memoria episódica madura. Lo que sí aporta es evidencia de que pueden almacenar y recuperar huellas verbales breves en condiciones controladas. Además, se trata de una muestra limitada y de un experimento de laboratorio, por lo que hará falta ver hasta qué punto estos resultados se sostienen en otras poblaciones y en situaciones más cercanas a la vida cotidiana.
Con todo, la idea que emerge es fuerte: desde el comienzo de la vida, escuchar no es una actividad pasiva. El cerebro del recién nacido ya parece estar organizando sonidos, voces y diferencias sutiles para construir las primeras bases de la memoria verbal.
eLife · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Visibelli, E., Fló, A., Baraldi, E., & Benavides-Varela, S. (2026). Verbal Episodic Processing in Newborns. eLife, 14, RP109096. https://doi.org/10.7554/eLife.109096.3
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